DESCENDIENTES DE CHARRÚAS REFUTAN A JULIO MARÍA SANGUINETTI
Crónicas del Este 17/06/2020 Política
sanguinetti

En el video “Rivera, los charrúas y Salsipuedes”, publicado el martes 8 de junio en su cuenta de Facebook, Julio María Sanguinetti insiste con el concepto acuñado por el extinto investigador Daniel Vidart de “charruísmo”. Identifica como “una suerte de doctrina que pretende hacer de los charrúas un fenómeno que perdura hasta nuestros días en nuestra cultura”.
El término discrimina, menosprecia, denota rechazo hacia las organizaciones indígenas charrúas; tiene visos de racismo, discriminación y segregacionismo e, implícitamente, desconoce el aporte del componente indígena en la conformación multiétnica y multicultural de la sociedad uruguaya. Esto no es nuevo, por cuanto el ex presidente ya había abordado este concepto en el artículo “Charruísmo, Rivera y la verdad histórica” publicado el 23 de Septiembre de 2016 en el “Correo de los Viernes” y en “El Charruísmo”, una columna editorial de El País del 19 de Abril de 2009, entre otras participaciones. El político colorado atribuye, sin nombrar, a las organizaciones como constructoras del “fenómeno” charrúa, que se deduce que éste no existiría si no fuera por el trabajo de reivindicación histórica que desarrollan las organizaciones firmantes. “Cuando avanza la colonización española (la etnia Charrúa) pasa a ser un fenómeno de choque, civilizan a los guaraníes, los introducen a nuestra civilización y construyen una extraordinaria cultura. Los charrúas fueron una etnia que no se integraba y por esa razón, pasó a chocar permanentemente y a tener encuentros armados que se van dando a lo largo de 200 años”, afirma el senador del Partido Colorado. Resulta comprensible que ante una fuerza invasora los “Pueblos Originarios”, a los que ni siquiera considera como tales, defendieran su tierra y se interpusieran a los usurpadores. En contraposición, elogia a los guaraníes, que fueron sometidos y cristianizados, aunque prefiere utilizar el término colonialista “civilizan” (¿a una raza inferior debemos inferir?), lo que nos retrotrae a la falsa oposición de “civilización” o “barbarie” de la que uno de sus principales exponentes en el Río de la Plata fue, en el siglo XIX, el argentino Domingo Faustino Sarmiento. A continuación, menciona un enfrentamiento bélico denominado Batalla del Yí, y no Chuy como dice, entre un ejército jesuítico- guaraní contra otro conformado por yaros, bohanes y charrúas que tuvo lugar el 6 de febrero de 1702 a orillas del río homónimo en la actual Sarandí del Yí, en el departamento de Durazno. Allí hubo, según el parte de guerra, 300 bajas y fueron tomados 500 prisioneros entre mujeres y niños, cuyo número cuestiona Sanguinetti por ser abultado. 2 El expositor describe un proceso de “choque” entre la sociedad hispano-criolla donde ubicó a Fructuoso Rivera, Juan Antonio Lavalleja, Manuel Oribe y José Gervasio Artigas, y los charrúas. Aunque hay documentos que señalan que el Jefe de los Orientales combatió a los indios, en su paso por los Blandengues, omite que éste vivió varios años con los Charrúas lo que le valió para ganarse su confianza, más tiempo del que estuvo alistado en esa fuerza. Tampoco se detiene, porque no es funcional a su relato, en la participación charrúa en el ejército artiguista y en las batallas por la Independencia, hechos aún no debidamente reconocidos por la historiografía oficial. El rol de los charrúas en el ideario social y político de Artigas se sintetiza en la frase: “Que los más infelices sean los más privilegiados”, refiere a indios, negros, zambos libres y criollos pobres, y lo explicita en una carta dirigida al gobernador de Corrientes, Elías Galván, en 1816, que refiere a los Pueblos Originarios: “ellos tienen el principal derecho”. En lugar de buscar una forzada contraposición Artigas-charrúas, sería interesante ahondar en los documentos históricos sobre la fidelidad de Rivera hacia Artigas. En este sentido, el sábado 13 se cumplieron 200 años de la carta que Fructuoso Rivera le escribió al gobernador de Entre Ríos, Francisco Ramírez, en la que le presenta un plan para asesinar a José Artigas. La misiva se reproduce en “El genocidio de la población charrúa”, de José Eduardo Picerno. “Le tocó al presidente (Rivera) porque era el que estaba y era el más baqueano para estas cosas”, justificó Sanguinetti. “Y ahí se produce este encuentro de Salsipuedes. (…)
Hablar de genocidio es una barbaridad porque además no se los quería exterminar físicamente, lo que se quería era terminar con la toldería que recogía además, delincuentes, prófugos, matreros y era una constante amenaza para la familia criolla que se iba desarrollando”. Aquí una vez más el legislador repudia el término genocidio, que abarca las acciones militares realizadas por el ejército conducido por Rivera en Salsipuedes, en el actual departamento de Paysandú y otras inmediatamente posteriores llevadas adelante por Bernabé Rivera en diferentes puntos del territorio. El presumible número de bajas charrúas en Salsipuedes, de entre 20 y 40, no significan, según el razonamiento del expositor, una cifra consistente para considerar lo sucedido como un genocidio. Ninguna investigación seria sostiene que murieron menos de 40 personas en la confluencia de Salsipuedes Chico y el Salsipuedes Grande. Todas las fuentes indican que el número de abatidos fue superior por lo que se interpreta la contradicción como una falacia del expositor.
Resulta curioso que Sanguinetti no ponga en tela de juicio el número de bajas charrúas en Salsipuedes, a diferencia del referido medio millar registrado en la batalla del Yí, que le resultó “excesivo”. Entendemos que el concepto genocidio abarca el conjunto de intervenciones armadas que incluye Salsipuedes, donde existe la voluntad y la planificación de exterminar a un grupo social, lo que no está, necesariamente, supeditado al número de víctimas. El desigual “choque” entre el ejército y sus aliados frente a un reducido grupo desarmado también podría denominarse de otras formas, si es que pretende disociar la autoría del genocidio a la figura del fundador del Partido Colorado. Matanza, crimen de lesa humanidad, actos de terrorismo de Estado, traición, emboscada, son términos apropiados para identificar lo sucedido el 11 de abril de 1831, pero jamás “encuentro” o vagamente “choque”. Esto, sin contar con el posterior etnocidio que se verificó con 3 el reparto en Montevideo de mujeres, ancianos y niños capturados en Salsipuedes. Eduardo F. Acosta y Lara documenta en “La Guerra de los Charrúas” la desintegración de las familias charrúas y su cultura, que hoy procuramos recuperar. “Esto fue un choque de una civilización superior, la que venía de Europa, la española, la portuguesa, frente a estas etnias aborígenes que se habían ido superponiendo y que tampoco eran originarias, como se dice, ni siquiera este grupo era originario de lo que hoy es el Uruguay, venían de otros lugares y se habían superpuestos a otros poblamientos anteriores”, resume. Aquí, Sanguinetti expone y sostiene con claridad su pensamiento etnocentrista, que refleja una clara adhesión a la doctrina del descubrimiento, considerando a América como tierra nullius o “tierra de nadie”, así como también denota un sentimiento de supremacía blanca, que por estos días está siendo muy cuestionada por el pueblo de Estados Unidos y que tanto daño le provocó a la sociedad uruguaya. Esto derivó en que aún hoy algunos sectores influyentes miran el modelo europeo dándole la espalda a la Abya Yala. Sobre el final, Sanguinetti llama a “no estigmatizar” la figura de Rivera y enumera una serie de hechos históricos que lo tuvo como protagonista, como en la batalla de Guayabos del 19 de enero de 1815 y la campaña en que conquista las Misiones Orientales para las Provincias Unidas del Río de la Plata, en 1828.
Estigmatizar no es el camino adoptado por los colectivos indígenas, quienes reclaman que el Estado uruguayo reconozca el genocidio a la Nación Charrúa y fomente una apertura a la elaboración constructiva de políticas públicas hacia un segmento de la sociedad que, según el Censo de 2011 del Instituto Nacional de Estadística, la integran 160.000 uruguayos, que se auto- reconocen descendientes indígenas y más de 76.000 compatriotas que identificaron a la indígena como su principal ascendencia. Un paso en la dirección correcta fue la aprobación, en 2009, de la Ley número 18.589, que declara el día 11 de abril de cada año, “Día de la Nación Charrúa y de la Identidad Indígena” y encomienda al Poder Ejecutivo y a la Administración Nacional de Educación Pública a coordinar “acciones públicas que fomenten la información y sensibilización de la ciudadanía sobre el aporte indígena a la identidad nacional, los hechos históricos relacionados a la Nación Charrúa y lo sucedido en Salsipuedes, en 1831”. Por todo lo expuesto, las organizaciones indígenas abajo firmantes repudiamos las expresiones del legislador Sanguinetti porque no sólo denotan discriminación y racismo hacia nuestras organizaciones, sino hacia un Pueblo Originario que luchó y entregó hasta su última gota de sangre por la libertad de este suelo.
Asociación de Descendientes de la Nación Charrúa - ADENCH Clan Choñik Hum Pampa
Consejo de la Nación Charrúa – CONACHA

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