COMPAÑERA DE TRABAJO SEÑALÓ AL FISCAL DIEGO PÉREZ COMO ACOSADOR SEXUAL EN LA PROPIA FISCALÍA
Crónicas del Este 22/05/2026 Política
“Siempre decía que estaba protegido, que pertenece a la logia de los masones… llegué a dudar si tenía pinchado el celular, él se enteraba de todo… Tengo miedo”NADIE LO QUIERELos actores políticos de derecha dicen que es de izquierda, recordando cuando un problema en un dispositivo externo (pendrive) impidió que el fiscal Diego Pérez presentara dentro de plazo el recurso de apelación contra la sentencia por la cual se desestimó el pedido de procesamiento de Mariano Arana y María Julia Muñoz, por presuntas irregularidades en los Casinos Municipales de Montevideo. Aquel fiasco de 2011, en el que Pérez llegó tarde al juzgado con un escrito incompleto y un pendrive fallido, se convirtió en el símbolo perfecto de lo que la oposición tradicional ve como una “mano blanda” hacia el Frente Amplio: un fiscal que, según ellos, “se equivoca” justo cuando más duele a la izquierda. Sin embargo, los políticos de izquierda dicen que hace tiempo Diego Pérez obedece políticamente a la derecha y por eso lo elige Mónica Ferrero para “investigar” casos como el de Cardama, o la del senador Andrés Ojeda, realizada por el ciudadano Esequiel Ibarra, o el interminable caso Cendoya. El caso Cendoya que empezó con la denuncia de la Unidad Reguladora de Servicios de Comunicación (Ursec) por unos papeles triturados dentro de las oficinas por parte de un exfuncionario, lleva unas cien audiencias de la etapa que se llama control de acusación, en las que se debaten las pruebas que se llevarán al juicio. Para ellos, Pérez no es un fiscal independiente, sino un operador cómodo al que la Fiscal General de la Nación recurre cada vez que necesita que un expediente sensible termine en el cajón o, peor aún, en manos de alguien que garantice el resultado político deseado: una persecución interminable contra dirigentes de izquierda que se extiende durante años, desgastando políticamente a sus objetivos sin que nunca llegue a una condena firme. “CUANDO ÉL ESTABA SOLO COMENZÓ A DECIRME COSAS Y A QUERER TOCARME”El Fiscal Diego Pérez: Intocable en la Fiscalía pese a las graves acusaciones de acoso sexual, maltrato laboral y retaliación contra una funcionaria administrativa Montevideo. Mientras la Fiscalía General de la Nación sigue envuelta en controversias internas, el fiscal Diego Pérez continúa ocupando su cargo sin que ninguna consecuencia visible haya caído sobre él. La reciente salida del fiscal Machado de la Fiscalía de Delitos Económicos —un traslado que el senador Andrés Ojeda calificó como “sin mano negra” pero que en el Frente Amplio tildaron de “raro”— vuelve a poner bajo la lupa el manejo de Mónica Ferrero, la Fiscal General que, según fuentes internas consultadas, mantiene una “muy buena consideración” del fiscal Pérez. Ferrero, con simpatías en los partidos tradicionales, parece proteger a sus allegados incluso cuando las denuncias contra ellos son explosivas. Todo arranca en una investigación interna de 2024 (expediente 2024-33-1-01857) que, aunque oficialmente “no ha pasado” —es decir, no tuvo consecuencias disciplinarias ni penales para Pérez—, deja al descubierto un cuadro de acoso, abuso de poder y venganza personal que debería haber terminado con la carrera del fiscal. Todo comenzó cuando el fecha 21 de octubre de 2024 los Dres. Agustín Majó y Romina Cabrera, ambos integrantes del equipo fiscal de la Fiscalía Penal de Montevideo de Flagrancia y Turno de 5º turno, elevan informe al Dr. Diego Pérez, titular de la Fiscalía señalada, llevando a su conocimiento problemas recurrentes que se habrían tenido con la funcionaria administrativa Sra. Virginia Gjorgji y que habrían afectado negativamente el correcto desempeño del trabajo fiscal como así también la buena convivencia laboral con la misma.Por su parte, el Dr. Diego Pérez refirió en su informe de folio 3 “que la misma funcionaria (Gjiorgi), cuando hacía sus planteos y/o reclamos, los realizaba desde un lugar, en un tono y de una forma que para nada resultaban apropiados para tratar los temas vinculados con la labor que cada uno debía cumplir, acorde a su rol y cargo”; también relató situaciones que habrían sido vivenciadas por otros funcionarios del piso y del equipo fiscal. Por lo expuesto, y atento al tenor de los hechos denunciados, así como a la normativa antes referida, se dispuso la realización de una información de urgencia, la que sería llevada a cabo por el Dr. Federico Oyhanarte.La investigación fue autorizada por la Directora General de la Fiscalía General de la Nación, Mónica Ferrero…. Hasta ahí, todo normal…VIRGINIA CONTÓ UN ACOSO SEXUAL: “EN LOS ÚLTIMOS MESES CUANDO YO IBA A SU DESPACHO, QUE ÉL ESTABA SOLO COMENZÓ A DECIRME COSAS Y A QUERER TOCARME…”La funcionaria Virginia Gjorgji, administrativa I que contaba con más de cinco años en la institución, prestó declaración el 4 de noviembre de 2024 ante el instructor Dr. Federico Oyhanarte Ogaz. Lo que relató no fue una simple disputa laboral: fue un relato pormenorizado de cómo el fiscal Diego Pérez, con quien mantuvo un vínculo sexo-afectivo entre fines de 2021 y mediados de 2022, habría convertido el rechazo de ella en una campaña de hostigamiento y venganza. Gjorgji fue clara y directa en su descargo: “en los últimos meses cuando yo iba a su despacho, que él estaba solo comenzó a decirme cosas y a querer tocarme, a lo cual yo con delicadeza y con toda la responsabilidad afectiva de no herirlo y de conservar todo y yo le decía que él estaba casado y yo estaba separada y que no estoy con otro vínculo”. Según su testimonio, Pérez no aceptó el “no” y, poco después, llegó la nota denunciatoria firmada por él junto a Romina Cabrera, Agustín Majo y Nancy Mariscotti. Para Virginia, el timing no era casual: “justo cayó esto con fecha 21 de octubre, cuando los hechos fueron el 11, si los hechos fueron antes no esperas a maquinarlo”. La funcionaria no se limitó a denunciar avances no consentidos. Detalló episodios concretos de maltrato verbal y humillación pública en el segundo piso de flagrancia. El 11 de octubre de 2024, mientras realizaba su labor habitual de procuración, Pérez “se exalta mucho, me empieza hablar de muy mal modo diciendo que yo no soy quien para meterme en el plazo, se agarra la cabeza con ademanes exagerados me dice que yo no soy nadie para meterme en su trabajo y en las formas en que trabajan”. Ante la insistencia de Romina Cabrera en entregarle un expediente, Pérez ordenó “que no haga nada” y le gritó a Virginia que se olvidara del expediente. La reacción de la administrativa fue inmediata y humana: “yo me pongo a llorar, miro a Romina y le digo: “Viste lo que es…” me voy, él sale como a la impresora, yo me doy vuelta y llorando y le digo que yo vengo a laburar que no vengo a aguantar malos tratos de nadie, que no tiene porqué hablarme mal, que yo no me metí en su trabajo”. “CUANDO NOS VINCULÁBAMOS ÉL SIEMPRE DECÍA ALGO, COMO QUE ÉL TENÍA PACIENCIA Y QUE ESPERABA QUE SU ‘ENEMIGO’ ESTÉ EN UN PUNTO VULNERABLE Y DÉBIL COMO PARA DARLE EL HACHAZO”No fue un incidente aislado. Gjorgji relató otro episodio reciente: “Una vuelta también no hace mucho, yo le llevé toda la procuración, estaba Romina, y él salió a los gritos diciendo no me trajo el expediente que le pedí, y yo le dije está ahí. Como dando a entender que no cumplía mi tarea, queda como que Virginia no trae expedientes, Virginia trabaja mal”. Para la funcionaria, el escrito de Pérez destilaba “odio”: “El escrito es con odio, acá hay me hunde, soy la peor del mundo mundial es como mucho”.Pero el acoso no se limitaba al ámbito laboral. Virginia reveló que Pérez le había confesado una filosofía maquiavélica: “Cuando nos vinculábamos él siempre decía algo, como que él tenía paciencia y que esperaba que su ‘enemigo’ esté en un punto vulnerable y débil como para darle el hachazo”. En el momento de la denuncia, Gjorgji atravesaba una situación personal devastadora: separación de su pareja, despido del padre de su hija (sin pensión alimenticia), rechazo de la afiliación mutual de su hija por enfermedades crónicas y el 20% de su sueldo destinado a mutualista y medicación. “YO NO QUIERO DENUNCIARLO PORQUE ACÁ NO TENEMOS GARANTÍAS DE NADA”“Estoy mal”, confesó, y justo en ese contexto cayó la nota de Pérez. Ella misma lo vinculó: “oh casualidad yo estoy transitando mi ex pareja con la cual estábamos conviviendo hace dos años, compartiendo gastos, se va, despidieron al papá de mi hija… justo cayó esto”.Lo más grave es el temor que expresaba Gjorgji ante el instructor: “yo no quiero denunciarlo porque acá no tenemos garantías de nada, a mí es una persona que me da miedo, y siempre decía que estaba protegido, que pertenece a la logia de los masones, sabía de mis vínculos, llegué a dudar si tenía pinchado el celular, él se enteraba de todo, no quiero seguir hablando. Me da miedo denunciarlo”. Estas frases, registradas en el acta oficial, pintan a un fiscal que no solo habría ejercido acoso sexual y laboral, sino que presumía de impunidad institucional y redes de poder. Virginia también cuestionó la nota conjunta de Cabrera y Majo: “hay algo que me llama la atención es que no está la firma de la Dra. Romina Cabrera y él habla en tercera persona hacia ellos”. Y respecto a Nancy Mariscotti, quien firmó la denuncia, Gjorgji adjuntó capturas de pantalla donde la propia Mariscotti le habría confesado entre lágrimas: “a mí me obligaron”, “no sabes la presión que me están poniendo”. La administrativa insistió: “Podes preguntarle a las 6 fiscalías que trabajo si alguna vez me negué a hacer algo… todos me manifiestan que están todos conformes”.A pesar de la gravedad de estas declaraciones —acoso sexual reiterado, maltrato verbal público, la venganza tras rechazo romántico, y un supuesto entramado de protección—, la investigación interna no derivó en sanción alguna contra Diego Pérez. En 2026, el fiscal sigue en su puesto y ahora se lo premia, mientras Virginia Gjorgji sigue trabajando en la fiscalía, sintiéndose “no respaldada” por la institución. Recordó otro caso anterior (Mojarra) donde tampoco sintió apoyo: “nunca me llamaron para ver como estaba, nunca me preguntaron si yo quería ir para ahí, si bien lo cesaron y me sacaron, yo no sentí el respaldo de la institución”.El contraste con el caso Machado es elocuente. El traslado de un fiscal que investigaba casos de alto perfil generó ruido político, pero Pérez, inmerso en acusaciones de acoso a una subordinada, permanece intocable. Fuentes internas afirman que Mónica Ferrero “goza de simpatía de los partidos tradicionales” y que su “muy buena consideración” del fiscal Pérez explica la parálisis. En un organismo que debería ser ejemplo de transparencia y protección a las víctimas y especialmente a mujeres, el mensaje es claro: los fiscales son “intocables”, como dijo la propia Gjorgji.Este no es un caso de “roce laboral”. Es un patrón de abuso de poder donde un fiscal con supuestas conexiones (logia masónica incluida, según la testigo) fue acusado de utilizar su posición para humillar, acosar y destruir la reputación de una funcionaria administrativa que osó decir “no”. Frases enteras del acta lo confirman: “comenzó a decirme cosas y a querer tocarme”; “yo vengo a laburar que no vengo a aguantar malos tratos de nadie”; “se agarra la cabeza con ademanes exagerados”; “el escrito es con odio, acá hay me hunde, soy la peor del mundo mundial”; “me da miedo denunciarlo… pertenece a la logia de los masones”.FUERON SANCIONADAS:Sin embargo, pese a las graves acusaciones que dijo en su declaración, la funcionaria administrativa Virginia Gjorgji fue sancionada con una suspensión de 7 días por entenderse acreditada una “falta administrativa leve”. La resolución sostuvo que vulneró deberes funcionales previstos en la Ley 19.668, particularmente: el deber de respeto hacia compañeros y superiores, y el deber de cumplir las determinaciones jerárquicas. Y la cosa no terminó allí, Nancy Mariscotti, la jefa administrativa Nancy Mariscotti también terminó sancionada. La misma que dijo sentirse presionada por los fiscales Diego Pérez y su equipo de trabajo. El expediente concluye que Mariscotti, incurrió en una falta administrativa leve por no haber actuado con suficiente eficacia y autoridad para corregir el conflicto, pese a que conocía la situación desde tiempo antes. La sanción aplicada fue una suspensión de 8 días.El fundamento central fue que, según el instructor Mariscotti, “tuvo las herramientas como para cortar y evitar esta situación que llegó hasta lo que llegó actualmente.”En 2026, la Fiscalía General de la Nación sigue sin dar respuestas. Mientras tanto, Diego Pérez ahora parece que le vana dar casos relevantes, protegido por el silencio institucional y la buena consideración de Mónica Ferrero. Al final parece ser cierto lo que dijo Virginia Gjorgji en el expediente: “yo no quiero denunciarlo porque acá no tenemos garantías de nada”. “Yo sé que los Fiscales son intocables…”
“Siempre decía que estaba protegido, que pertenece a la logia de los masones… llegué a dudar si tenía pinchado el celular, él se enteraba de todo… Tengo miedo”NADIE LO QUIERELos actores políticos de derecha dicen que es de izquierda, recordando cuando un problema en un dispositivo externo (pendrive) impidió que el fiscal Diego Pérez presentara dentro de plazo el recurso de apelación contra la sentencia por la cual se desestimó el pedido de procesamiento de Mariano Arana y María Julia Muñoz, por presuntas irregularidades en los Casinos Municipales de Montevideo. Aquel fiasco de 2011, en el que Pérez llegó tarde al juzgado con un escrito incompleto y un pendrive fallido, se convirtió en el símbolo perfecto de lo que la oposición tradicional ve como una “mano blanda” hacia el Frente Amplio: un fiscal que, según ellos, “se equivoca” justo cuando más duele a la izquierda. Sin embargo, los políticos de izquierda dicen que hace tiempo Diego Pérez obedece políticamente a la derecha y por eso lo elige Mónica Ferrero para “investigar” casos como el de Cardama, o la del senador Andrés Ojeda, realizada por el ciudadano Esequiel Ibarra, o el interminable caso Cendoya. El caso Cendoya que empezó con la denuncia de la Unidad Reguladora de Servicios de Comunicación (Ursec) por unos papeles triturados dentro de las oficinas por parte de un exfuncionario, lleva unas cien audiencias de la etapa que se llama control de acusación, en las que se debaten las pruebas que se llevarán al juicio. Para ellos, Pérez no es un fiscal independiente, sino un operador cómodo al que la Fiscal General de la Nación recurre cada vez que necesita que un expediente sensible termine en el cajón o, peor aún, en manos de alguien que garantice el resultado político deseado: una persecución interminable contra dirigentes de izquierda que se extiende durante años, desgastando políticamente a sus objetivos sin que nunca llegue a una condena firme. “CUANDO ÉL ESTABA SOLO COMENZÓ A DECIRME COSAS Y A QUERER TOCARME”El Fiscal Diego Pérez: Intocable en la Fiscalía pese a las graves acusaciones de acoso sexual, maltrato laboral y retaliación contra una funcionaria administrativa Montevideo. Mientras la Fiscalía General de la Nación sigue envuelta en controversias internas, el fiscal Diego Pérez continúa ocupando su cargo sin que ninguna consecuencia visible haya caído sobre él. La reciente salida del fiscal Machado de la Fiscalía de Delitos Económicos —un traslado que el senador Andrés Ojeda calificó como “sin mano negra” pero que en el Frente Amplio tildaron de “raro”— vuelve a poner bajo la lupa el manejo de Mónica Ferrero, la Fiscal General que, según fuentes internas consultadas, mantiene una “muy buena consideración” del fiscal Pérez. Ferrero, con simpatías en los partidos tradicionales, parece proteger a sus allegados incluso cuando las denuncias contra ellos son explosivas. Todo arranca en una investigación interna de 2024 (expediente 2024-33-1-01857) que, aunque oficialmente “no ha pasado” —es decir, no tuvo consecuencias disciplinarias ni penales para Pérez—, deja al descubierto un cuadro de acoso, abuso de poder y venganza personal que debería haber terminado con la carrera del fiscal. Todo comenzó cuando el fecha 21 de octubre de 2024 los Dres. Agustín Majó y Romina Cabrera, ambos integrantes del equipo fiscal de la Fiscalía Penal de Montevideo de Flagrancia y Turno de 5º turno, elevan informe al Dr. Diego Pérez, titular de la Fiscalía señalada, llevando a su conocimiento problemas recurrentes que se habrían tenido con la funcionaria administrativa Sra. Virginia Gjorgji y que habrían afectado negativamente el correcto desempeño del trabajo fiscal como así también la buena convivencia laboral con la misma.Por su parte, el Dr. Diego Pérez refirió en su informe de folio 3 “que la misma funcionaria (Gjiorgi), cuando hacía sus planteos y/o reclamos, los realizaba desde un lugar, en un tono y de una forma que para nada resultaban apropiados para tratar los temas vinculados con la labor que cada uno debía cumplir, acorde a su rol y cargo”; también relató situaciones que habrían sido vivenciadas por otros funcionarios del piso y del equipo fiscal. Por lo expuesto, y atento al tenor de los hechos denunciados, así como a la normativa antes referida, se dispuso la realización de una información de urgencia, la que sería llevada a cabo por el Dr. Federico Oyhanarte.La investigación fue autorizada por la Directora General de la Fiscalía General de la Nación, Mónica Ferrero…. Hasta ahí, todo normal…VIRGINIA CONTÓ UN ACOSO SEXUAL: “EN LOS ÚLTIMOS MESES CUANDO YO IBA A SU DESPACHO, QUE ÉL ESTABA SOLO COMENZÓ A DECIRME COSAS Y A QUERER TOCARME…”La funcionaria Virginia Gjorgji, administrativa I que contaba con más de cinco años en la institución, prestó declaración el 4 de noviembre de 2024 ante el instructor Dr. Federico Oyhanarte Ogaz. Lo que relató no fue una simple disputa laboral: fue un relato pormenorizado de cómo el fiscal Diego Pérez, con quien mantuvo un vínculo sexo-afectivo entre fines de 2021 y mediados de 2022, habría convertido el rechazo de ella en una campaña de hostigamiento y venganza. Gjorgji fue clara y directa en su descargo: “en los últimos meses cuando yo iba a su despacho, que él estaba solo comenzó a decirme cosas y a querer tocarme, a lo cual yo con delicadeza y con toda la responsabilidad afectiva de no herirlo y de conservar todo y yo le decía que él estaba casado y yo estaba separada y que no estoy con otro vínculo”. Según su testimonio, Pérez no aceptó el “no” y, poco después, llegó la nota denunciatoria firmada por él junto a Romina Cabrera, Agustín Majo y Nancy Mariscotti. Para Virginia, el timing no era casual: “justo cayó esto con fecha 21 de octubre, cuando los hechos fueron el 11, si los hechos fueron antes no esperas a maquinarlo”. La funcionaria no se limitó a denunciar avances no consentidos. Detalló episodios concretos de maltrato verbal y humillación pública en el segundo piso de flagrancia. El 11 de octubre de 2024, mientras realizaba su labor habitual de procuración, Pérez “se exalta mucho, me empieza hablar de muy mal modo diciendo que yo no soy quien para meterme en el plazo, se agarra la cabeza con ademanes exagerados me dice que yo no soy nadie para meterme en su trabajo y en las formas en que trabajan”. Ante la insistencia de Romina Cabrera en entregarle un expediente, Pérez ordenó “que no haga nada” y le gritó a Virginia que se olvidara del expediente. La reacción de la administrativa fue inmediata y humana: “yo me pongo a llorar, miro a Romina y le digo: “Viste lo que es…” me voy, él sale como a la impresora, yo me doy vuelta y llorando y le digo que yo vengo a laburar que no vengo a aguantar malos tratos de nadie, que no tiene porqué hablarme mal, que yo no me metí en su trabajo”. “CUANDO NOS VINCULÁBAMOS ÉL SIEMPRE DECÍA ALGO, COMO QUE ÉL TENÍA PACIENCIA Y QUE ESPERABA QUE SU ‘ENEMIGO’ ESTÉ EN UN PUNTO VULNERABLE Y DÉBIL COMO PARA DARLE EL HACHAZO”No fue un incidente aislado. Gjorgji relató otro episodio reciente: “Una vuelta también no hace mucho, yo le llevé toda la procuración, estaba Romina, y él salió a los gritos diciendo no me trajo el expediente que le pedí, y yo le dije está ahí. Como dando a entender que no cumplía mi tarea, queda como que Virginia no trae expedientes, Virginia trabaja mal”. Para la funcionaria, el escrito de Pérez destilaba “odio”: “El escrito es con odio, acá hay me hunde, soy la peor del mundo mundial es como mucho”.Pero el acoso no se limitaba al ámbito laboral. Virginia reveló que Pérez le había confesado una filosofía maquiavélica: “Cuando nos vinculábamos él siempre decía algo, como que él tenía paciencia y que esperaba que su ‘enemigo’ esté en un punto vulnerable y débil como para darle el hachazo”. En el momento de la denuncia, Gjorgji atravesaba una situación personal devastadora: separación de su pareja, despido del padre de su hija (sin pensión alimenticia), rechazo de la afiliación mutual de su hija por enfermedades crónicas y el 20% de su sueldo destinado a mutualista y medicación. “YO NO QUIERO DENUNCIARLO PORQUE ACÁ NO TENEMOS GARANTÍAS DE NADA”“Estoy mal”, confesó, y justo en ese contexto cayó la nota de Pérez. Ella misma lo vinculó: “oh casualidad yo estoy transitando mi ex pareja con la cual estábamos conviviendo hace dos años, compartiendo gastos, se va, despidieron al papá de mi hija… justo cayó esto”.Lo más grave es el temor que expresaba Gjorgji ante el instructor: “yo no quiero denunciarlo porque acá no tenemos garantías de nada, a mí es una persona que me da miedo, y siempre decía que estaba protegido, que pertenece a la logia de los masones, sabía de mis vínculos, llegué a dudar si tenía pinchado el celular, él se enteraba de todo, no quiero seguir hablando. Me da miedo denunciarlo”. Estas frases, registradas en el acta oficial, pintan a un fiscal que no solo habría ejercido acoso sexual y laboral, sino que presumía de impunidad institucional y redes de poder. Virginia también cuestionó la nota conjunta de Cabrera y Majo: “hay algo que me llama la atención es que no está la firma de la Dra. Romina Cabrera y él habla en tercera persona hacia ellos”. Y respecto a Nancy Mariscotti, quien firmó la denuncia, Gjorgji adjuntó capturas de pantalla donde la propia Mariscotti le habría confesado entre lágrimas: “a mí me obligaron”, “no sabes la presión que me están poniendo”. La administrativa insistió: “Podes preguntarle a las 6 fiscalías que trabajo si alguna vez me negué a hacer algo… todos me manifiestan que están todos conformes”.A pesar de la gravedad de estas declaraciones —acoso sexual reiterado, maltrato verbal público, la venganza tras rechazo romántico, y un supuesto entramado de protección—, la investigación interna no derivó en sanción alguna contra Diego Pérez. En 2026, el fiscal sigue en su puesto y ahora se lo premia, mientras Virginia Gjorgji sigue trabajando en la fiscalía, sintiéndose “no respaldada” por la institución. Recordó otro caso anterior (Mojarra) donde tampoco sintió apoyo: “nunca me llamaron para ver como estaba, nunca me preguntaron si yo quería ir para ahí, si bien lo cesaron y me sacaron, yo no sentí el respaldo de la institución”.El contraste con el caso Machado es elocuente. El traslado de un fiscal que investigaba casos de alto perfil generó ruido político, pero Pérez, inmerso en acusaciones de acoso a una subordinada, permanece intocable. Fuentes internas afirman que Mónica Ferrero “goza de simpatía de los partidos tradicionales” y que su “muy buena consideración” del fiscal Pérez explica la parálisis. En un organismo que debería ser ejemplo de transparencia y protección a las víctimas y especialmente a mujeres, el mensaje es claro: los fiscales son “intocables”, como dijo la propia Gjorgji.Este no es un caso de “roce laboral”. Es un patrón de abuso de poder donde un fiscal con supuestas conexiones (logia masónica incluida, según la testigo) fue acusado de utilizar su posición para humillar, acosar y destruir la reputación de una funcionaria administrativa que osó decir “no”. Frases enteras del acta lo confirman: “comenzó a decirme cosas y a querer tocarme”; “yo vengo a laburar que no vengo a aguantar malos tratos de nadie”; “se agarra la cabeza con ademanes exagerados”; “el escrito es con odio, acá hay me hunde, soy la peor del mundo mundial”; “me da miedo denunciarlo… pertenece a la logia de los masones”.FUERON SANCIONADAS:Sin embargo, pese a las graves acusaciones que dijo en su declaración, la funcionaria administrativa Virginia Gjorgji fue sancionada con una suspensión de 7 días por entenderse acreditada una “falta administrativa leve”. La resolución sostuvo que vulneró deberes funcionales previstos en la Ley 19.668, particularmente: el deber de respeto hacia compañeros y superiores, y el deber de cumplir las determinaciones jerárquicas. Y la cosa no terminó allí, Nancy Mariscotti, la jefa administrativa Nancy Mariscotti también terminó sancionada. La misma que dijo sentirse presionada por los fiscales Diego Pérez y su equipo de trabajo. El expediente concluye que Mariscotti, incurrió en una falta administrativa leve por no haber actuado con suficiente eficacia y autoridad para corregir el conflicto, pese a que conocía la situación desde tiempo antes. La sanción aplicada fue una suspensión de 8 días.El fundamento central fue que, según el instructor Mariscotti, “tuvo las herramientas como para cortar y evitar esta situación que llegó hasta lo que llegó actualmente.”En 2026, la Fiscalía General de la Nación sigue sin dar respuestas. Mientras tanto, Diego Pérez ahora parece que le vana dar casos relevantes, protegido por el silencio institucional y la buena consideración de Mónica Ferrero. Al final parece ser cierto lo que dijo Virginia Gjorgji en el expediente: “yo no quiero denunciarlo porque acá no tenemos garantías de nada”. “Yo sé que los Fiscales son intocables…”
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