ANDRÉS OJEDA: EL POLITIQUERO BARATO QUE SE BURLA DE LOS MUERTOS Y USA EL ESTADO COMO SI FUERA SU ESTUDIO JURÍDICO
Crónicas del Este 20/07/2026 Política
Sergio Secinaro
El senador colorado Andrés Ojeda volvió a demostrar esta semana que es uno de los peores especímenes que ha parido la política uruguaya de los últimos años. Mientras el país registra un aumento preocupante de homicidios en el primer semestre de 2026, en lugar de aportar ideas o fiscalizar con seriedad, eligió el camino más fácil y más ruin: el ataque personal y la demagogia de bajo nivel. Ojeda declaró sin filtro que “Negro es peor que Bonomi” y que al ministro del Interior “le dio vergüenza” dar las malas noticias. No propuso nada. No presentó un solo proyecto. Solo escupió veneno contra el titular de Interior para intentar aparecer en los titulares. Eso es todo lo que sabe hacer este personaje: generar escándalo barato. Pero lo más grave no es lo que dijo. Es cómo actúa.Este señor, que se cree más vivo que el resto de la clase política, viola la Constitución metiendo escritos directamente en Fiscalía como si fuera un particular más. Manda a los juzgados a un abogado que trabaja en su propio estudio jurídico y que, al mismo tiempo, lo tiene en comisión y es funcionario del Ministerio de Defensa. Es decir: un empleado público que cobra su sueldo con el dinero de todos los uruguayos y que usa ese tiempo para hacer los mandados del senador colorado. Un conflicto de intereses tan grosero que solo un impresentable como Ojeda puede defenderlo sin sonrojarse.Hace pocos días concurrió con termo y mate a la Plaza de la Constitución para el acto oficial por el aniversario de la Jura de la Constitución. Cuando llegó y vio que el evento había sido suspendido por alerta meteorológica, en vez de tener un mínimo de sensatez, sacó su celular y grabó un video irónico mientras desarmaban el estrado. “Saludos al gobierno, al presidente, cuando quieran hacer el acto nosotros estamos”, dijo con esa sonrisa cínica que ya le conocemos. Lo que no dijo es que en Salto una mujer murió por los vientos de la misma tormenta que obligó a suspender el acto. Para Ojeda, una muerte evitable no existe si no sirve para pegar contra el gobierno. Esa es la profundidad de su compromiso con la gente. Y como si todo esto no fuera suficiente, ahora se mete con Eduardo Bonomi, una persona fallecida. Compararlo, atacarlo, usarlo como insulto. Atacar a un muerto es el último peldaño de la cobardía política. Solo alguien sin dignidad, sin respeto y sin límites puede caer tan bajo.Ojeda no atiende el teléfono ni siquiera a sus propios dirigentes del Partido Colorado. Hay varios testimonios que lo confirman. Es un invento político con un ego descomunal, que llegó inflado de sí mismo y que, por suerte, en el próximo período va a desaparecer de la escena pública. Es el mismo perfil que Juan Sartori: otro arribista que llegó con aires de grandeza, con un ego que le cabía en un estadio, y que cuando dejó de ser legislador demostró lo que realmente era: una rata que abandonó el pago de la cuota de afiliación al Partido Nacional. Así operan estos personajes. Llegan, se llenan la boca, usan las instituciones como trampolín personal y después desaparecen dejando el desastre atrás.Andrés Ojeda no es un senador. Es un oportunista de manual. Un politiquero barato, impresentable y sin escrúpulos que usa la tragedia ajena, los muertos y el Estado para su propio lucimiento. La buena noticia es que este tipo de figuras tienen fecha de vencimiento y la de Ojeda está cada vez más cerca.
Sergio Secinaro
El senador colorado Andrés Ojeda volvió a demostrar esta semana que es uno de los peores especímenes que ha parido la política uruguaya de los últimos años. Mientras el país registra un aumento preocupante de homicidios en el primer semestre de 2026, en lugar de aportar ideas o fiscalizar con seriedad, eligió el camino más fácil y más ruin: el ataque personal y la demagogia de bajo nivel. Ojeda declaró sin filtro que “Negro es peor que Bonomi” y que al ministro del Interior “le dio vergüenza” dar las malas noticias. No propuso nada. No presentó un solo proyecto. Solo escupió veneno contra el titular de Interior para intentar aparecer en los titulares. Eso es todo lo que sabe hacer este personaje: generar escándalo barato. Pero lo más grave no es lo que dijo. Es cómo actúa.Este señor, que se cree más vivo que el resto de la clase política, viola la Constitución metiendo escritos directamente en Fiscalía como si fuera un particular más. Manda a los juzgados a un abogado que trabaja en su propio estudio jurídico y que, al mismo tiempo, lo tiene en comisión y es funcionario del Ministerio de Defensa. Es decir: un empleado público que cobra su sueldo con el dinero de todos los uruguayos y que usa ese tiempo para hacer los mandados del senador colorado. Un conflicto de intereses tan grosero que solo un impresentable como Ojeda puede defenderlo sin sonrojarse.Hace pocos días concurrió con termo y mate a la Plaza de la Constitución para el acto oficial por el aniversario de la Jura de la Constitución. Cuando llegó y vio que el evento había sido suspendido por alerta meteorológica, en vez de tener un mínimo de sensatez, sacó su celular y grabó un video irónico mientras desarmaban el estrado. “Saludos al gobierno, al presidente, cuando quieran hacer el acto nosotros estamos”, dijo con esa sonrisa cínica que ya le conocemos. Lo que no dijo es que en Salto una mujer murió por los vientos de la misma tormenta que obligó a suspender el acto. Para Ojeda, una muerte evitable no existe si no sirve para pegar contra el gobierno. Esa es la profundidad de su compromiso con la gente. Y como si todo esto no fuera suficiente, ahora se mete con Eduardo Bonomi, una persona fallecida. Compararlo, atacarlo, usarlo como insulto. Atacar a un muerto es el último peldaño de la cobardía política. Solo alguien sin dignidad, sin respeto y sin límites puede caer tan bajo.Ojeda no atiende el teléfono ni siquiera a sus propios dirigentes del Partido Colorado. Hay varios testimonios que lo confirman. Es un invento político con un ego descomunal, que llegó inflado de sí mismo y que, por suerte, en el próximo período va a desaparecer de la escena pública. Es el mismo perfil que Juan Sartori: otro arribista que llegó con aires de grandeza, con un ego que le cabía en un estadio, y que cuando dejó de ser legislador demostró lo que realmente era: una rata que abandonó el pago de la cuota de afiliación al Partido Nacional. Así operan estos personajes. Llegan, se llenan la boca, usan las instituciones como trampolín personal y después desaparecen dejando el desastre atrás.Andrés Ojeda no es un senador. Es un oportunista de manual. Un politiquero barato, impresentable y sin escrúpulos que usa la tragedia ajena, los muertos y el Estado para su propio lucimiento. La buena noticia es que este tipo de figuras tienen fecha de vencimiento y la de Ojeda está cada vez más cerca.
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