EL MANANTIAL: LA EPOPEYA DEL HOMBRE SOLO
Crónicas del Este 22/09/2024 Sociedad
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Marcelo Fabani

Basada en la novela escrita por Ayn Rand en 1943, del mismo nombre, "El Manantial" es una película que plantea un punto de vista interesante sobre el espíritu humano.
Reivindica la libertad y soberanía personal a ultranza, dentro de un esquema de convivencia con una sociedad que teme todo aquello que sobresalga de la mediocridad, donde se siente cómoda y segura.
El guion fue escrito por la propia Ayn Rand, quien controló el proyecto de tal manera que, en una ocasión, amenazó con cancelar la película si este era mínimamente alterado. Coincidentemente, el protagonista, el arquitecto Howard Roark (Gary Cooper), mantiene una postura igualmente intransigente como muestra de su integridad.
Rand insistió en que el arquitecto Frank Lloyd Wright, quien inspiró parcialmente al personaje de Roark, proporcionara los diseños de los edificios que forman parte de la trama. Sin embargo, el famoso arquitecto pidió honorarios exorbitantes, lo que impidió que esto se concretara. Como resultado, los proyectos presentados en el filme se asemejan al diseño vanguardista de Wright, pero no son suyos.
Desde el inicio, la firme postura de Roark respecto al valor de su trabajo lo muestra en toda su intransigencia ante los continuos reclamos contra su vanguardismo pujante. Los críticos y dirigentes de la corriente dominante dudan y temen cualquier cambio que los enfrente a lo desconocido, pero, sobre todo, a lo que pueda interrumpir su status quo de posiciones cómodas y negocios funcionando.
A lo largo de toda la película, se plantea una confrontación constante entre dos aspectos del espíritu humano: el ansia y el valor de atreverse a explorar lo nuevo, y la comodidad de permanecer en lo seguro y conocido.
El talento de Roark es una poderosa arma que le otorga independencia, permitiendo que los clientes lo busquen en busca de la excelencia en un diseño arquitectónico que los destaque frente a sus competidores. Sin embargo, su firme defensa de sus convicciones a la hora de diseñar también frena el avance de su carrera, ya que entiende que ceder a un diseño comercial aprobado por la mayoría cercenaría su espíritu.
Cuando un grupo de empresarios le exige que diseñe arquitectura basada en los cánones de elegancia y majestuosidad del estilo neoclásico, Roark no rechaza estos principios, que han sido la columna vertebral de la arquitectura, pero entiende que la esencia de esta es avanzar, aceptando los desafíos de adentrarse en el futuro.
La película plantea el rol del arquitecto en la sociedad y, más allá de esto, el papel del arte y la creatividad en la construcción del mundo moderno. Roark representa la pasión y dedicación de quienes innovan desafiando las convenciones establecidas en busca de la excelencia y la expresión personal más pura. En un mundo que prioriza la conformidad sobre la originalidad, El Manantial es un poderoso alegato sobre la importancia de defender nuestras convicciones y perseguir nuestros sueños con valentía, más allá del sufrimiento y las postergaciones que ello conlleve.
Howard Roark es, por excelencia, el hombre valeroso, honesto e idealista. Está seguro de su capacidad artística y de la diferencia que esta hace frente a todo lo anterior. Absolutamente concentrado en su pensamiento, valores y metas, lo que piensen los demás carece de importancia. Según sus propias palabras, lo único que importa es la magnitud de su obra y la satisfacción que le produce realizarla. Todo lo demás, incluso el amor, carece de valor.
En muchas escenas, el director King Vidor presenta a Roark en contrapicado, en lo alto, dominando sobre la mayoría de los seres humanos: seres dóciles, manejables y sin criterios propios. Howard Roark es el superhombre que Friedrich Nietzsche anheló. Un ser fuerte e independiente, superior a los demás, que desempeña sus habilidades sin responsabilidades morales. Es consciente de su grandeza y de su rol como referente en la sociedad.
La confrontación entre individualidad y colectividad es la principal cuestión filosófica y sociológica que plantea la película. En las escenas culminantes, Roark es llevado a juicio por haber atentado contra un conjunto de viviendas de su diseño, pero que habían sido firmadas por un colega suyo, quien, consumido en la vorágine de aceptar cualquier encargo, ha sido abandonado por no ser ya el arquitecto del momento.
En el juicio, asumiendo su propia defensa, Roark plantea las siguientes preguntas: ¿Debe estar el ser humano al servicio de la sociedad? ¿Puede su trabajo ser confiscado en beneficio de todos? ¿Somos libres los individuos para decidir a quién, cómo y cuándo vendemos el producto de nuestro trabajo?
La parte acusatoria, por su parte, cuestiona: ¿Puede una persona vivir solo para sí misma, "con su integridad como única bandera", con una honestidad que no incluya el "deseo de satisfacer a sus hermanos"? Aquí se expone la confrontación entre individualismo y subordinación del ser humano al interés colectivo.
Es cierto que, frente a la mediocridad y el miedo al avance, la humanidad quizá no habría abandonado la seguridad de las cuevas. Sin embargo, también hay que ver la película en el contexto histórico de una sociedad que impulsaba a las personas a superar el horror de una guerra mundial que destrozó la esperanza.
En pleno siglo XXI, lo planteado por la película puede generar reticencias frente al individualismo material. No obstante, la vigencia de la cuestión filosófica de El Manantial radica en su firme recordatorio de nuestra soberanía moral y espiritual. Soberanías que no deben ser violentadas por imposiciones que restrinjan nuestras innatas capacidades de sentir e interpretar la realidad, así como la libre elección de lo que consideramos mejor para nuestra realización personal.
Quizá, en su aparente individualismo egoísta, el alegato final del arquitecto Howard Roark en el juicio sea el que mejor sintetiza el espíritu de la película:
"Los grandes creadores, pensadores, artistas, científicos e inventores han luchado contra sus contemporáneos. Estos se oponían a todos los nuevos pensamientos; todos los inventos eran desahuciados y recusados. Pero los hombres con visión de futuro siguieron adelante, lucharon, sufrieron y pagaron por ello... pero vencieron. Ningún creador estuvo tentado a complacer a sus contemporáneos. Ellos odiaron el regalo que ofrecía. Su verdad era su único motivo, su trabajo era su única meta. Su trabajo, no el de aquellos que se beneficiarían de él. Su creatividad, no el provecho que de ella obtuvieran los demás. La creación da forma a su verdad; él mantenía su verdad sobre todo y contra todo. Seguía adelante sin tener en cuenta a los que estaban de acuerdo con él o a los que no, con su integridad como única bandera."
"El Manantial" (The Fountainhead). 1949. Estados Unidos. 114 minutos.
Dirección: King Vidor.
Protagonistas: Gary Cooper, Patricia Neal.

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