LA FORMA DEL AGUA: LA REPRESENTACIÓN DE LO QUE NOS UNE
Crónicas del Este 17/03/2024 Sociedad
Marcelo Fabani
Muchas películas han hablado del “diferente”.
“El hombre que ríe”, “Frankenstein” y “El Hombre Elefante”, por mencionar las mas recordadas por el público; han retratado las diferencias que generan rechazo y aislamiento.
En todas ellas, el sufrimiento del diferente y sus reacciones frente al rechazo y la exclusión, han sido derivadas hacia caminos de violencia y represalia preferentemente.
“La forma el agua” nos plantea desde su título, la tónica diferente del planteo de la película.
Todos compartimos nuestra composición corporal a través del mismo elemento: el agua. Por lo que básicamente, todos no seríamos tan diferentes en nuestra esencia y quizá a ese punto es al que tendríamos que recurrir para lograr visualizar espacios de concordia.
Cuando la vida del anfibio consagrada al amor por una humana corre peligro, todos los “diferentes” que lo rodean, parecen unirse por esa concepción de igualdad en pos de salvarla.
Todo comienza con la captura de un ser anfibio, pisciforme, en las aguas del Amazonas. Un ser adorado como una divinidad por los indígenas. La criatura será destinada a los estudios más crueles que la inteligencia militar ha ideado para avanzar en el desarrollo de la tecnología.
En su captura, conoce a otra “diferente”; Elisa Espósito una persona muda que trabaja como personal de limpieza en un laboratorio secreto del gobierno en 1962, en plena Guerra Fría.
La vida de una persona muda es descripta en esta película como un caso típico de aislamiento, no ya por el hecho de no poder hablar, sino por parecer alguien intrascendente. Ella cuenta con amigos que también se identifican como “diferentes”, ya que por distintas condiciones, no se integran a lo socialmente aceptable para la época.
Uno es su vecino de al lado, Giles, un diseñador gráfico homosexual en sus cincuentas, y su compañera de trabajo, Zelda Fuller, una mujer negra que sufre la discriminación en dos formas: la racial imperante y la de su marido quien la considera intrascendente.
En el estudio del anfibio para obtener una ventaja estadounidense en la carrera espacial, se buscará finalmente viviseccionarlo luego de aplicarle tortuosas pruebas. En la lógica estadounidense del guión, otro diferente, un espía ruso que trabaja como científico en la instalación, también se suma a este grupo que siente compasión por el fatal destino que le espera a la criatura. Es muy interesante el punto donde ambos bandos ponen sus intereses por encima de la vida y ordenan simultáneamente la muerte del anfibio para que ninguno obtenga información que ayude a construir una ventaja por sobre el otro.
Y es así que a través de varias situaciones muy personales como la del científico a quien su conciencia le impide ejecutar este sacrificio, se le suman la continua situación de subestimación del marido de Zelda e incluso el rechazo a la condición de homosexual de Giles cuando le declara su amor a un dependiente de la cafetería a la que asiduamente va.
La forma del agua entonces, va definiéndose en todos los personajes a través de la toma de conciencia ya no de los que lo separa de la sociedad, sino de la compasión y nobles valores que los unen.
La película avanza en situaciones de gran acción guiadas por la ejecución del escape del anfibio, tamizadas por la historia de amor entre dos seres diferentes.
Se descubren además en la película escenas significativas de gran contenido simbólico. Por ejemplo cuando Giles ataca al Anfibio al descubrirlo devorando a uno de sus gatos, éste en su huída corta el brazo del hombre. Cuando Elisa lo devuelva a su apartamento, la criatura se disculpará tocando a Giles en su cabeza calva y su brazo herido. Al otro día Giles descubrirá que su cabello ha crecido y que su brazo ha sanado. Esta escena se nos representa como el intercambio profundo al dar comprensión y el retorno sanador que se recibe.
Existe otra curiosidad subyacente en el diseño de los personajes que resulta también muy significativa. Se trata de la aparente inocuidad y neutralidad de las personas retratadas y como la aparición de una causa identificada con sus propias realidades, hacen que éstas dejen esa condición para encontrar su fuerza interior.
En definitiva, “La forma del agua” no es sólo el final feliz diseñado por Guillermo del Toro de la película de los 50 “El Monstruo de la Laguna Negra”, sino una profunda reflexión sobre la importancia de descubrir lo que nos une.
Estados Unidos.2017.
2h 03min.Drama, Fantasía, Romántica
Guion Guillermo del Toro, Vanessa Taylor
Reparto Sally Hawkins, Michael Shannon, Richard Jenkins
Título original The Shape of Water
Marcelo Fabani
Muchas películas han hablado del “diferente”. “El hombre que ríe”, “Frankenstein” y “El Hombre Elefante”, por mencionar las mas recordadas por el público; han retratado las diferencias que generan rechazo y aislamiento. En todas ellas, el sufrimiento del diferente y sus reacciones frente al rechazo y la exclusión, han sido derivadas hacia caminos de violencia y represalia preferentemente. “La forma el agua” nos plantea desde su título, la tónica diferente del planteo de la película. Todos compartimos nuestra composición corporal a través del mismo elemento: el agua. Por lo que básicamente, todos no seríamos tan diferentes en nuestra esencia y quizá a ese punto es al que tendríamos que recurrir para lograr visualizar espacios de concordia. Cuando la vida del anfibio consagrada al amor por una humana corre peligro, todos los “diferentes” que lo rodean, parecen unirse por esa concepción de igualdad en pos de salvarla. Todo comienza con la captura de un ser anfibio, pisciforme, en las aguas del Amazonas. Un ser adorado como una divinidad por los indígenas. La criatura será destinada a los estudios más crueles que la inteligencia militar ha ideado para avanzar en el desarrollo de la tecnología. En su captura, conoce a otra “diferente”; Elisa Espósito una persona muda que trabaja como personal de limpieza en un laboratorio secreto del gobierno en 1962, en plena Guerra Fría. La vida de una persona muda es descripta en esta película como un caso típico de aislamiento, no ya por el hecho de no poder hablar, sino por parecer alguien intrascendente. Ella cuenta con amigos que también se identifican como “diferentes”, ya que por distintas condiciones, no se integran a lo socialmente aceptable para la época. Uno es su vecino de al lado, Giles, un diseñador gráfico homosexual en sus cincuentas, y su compañera de trabajo, Zelda Fuller, una mujer negra que sufre la discriminación en dos formas: la racial imperante y la de su marido quien la considera intrascendente. En el estudio del anfibio para obtener una ventaja estadounidense en la carrera espacial, se buscará finalmente viviseccionarlo luego de aplicarle tortuosas pruebas. En la lógica estadounidense del guión, otro diferente, un espía ruso que trabaja como científico en la instalación, también se suma a este grupo que siente compasión por el fatal destino que le espera a la criatura. Es muy interesante el punto donde ambos bandos ponen sus intereses por encima de la vida y ordenan simultáneamente la muerte del anfibio para que ninguno obtenga información que ayude a construir una ventaja por sobre el otro. Y es así que a través de varias situaciones muy personales como la del científico a quien su conciencia le impide ejecutar este sacrificio, se le suman la continua situación de subestimación del marido de Zelda e incluso el rechazo a la condición de homosexual de Giles cuando le declara su amor a un dependiente de la cafetería a la que asiduamente va. La forma del agua entonces, va definiéndose en todos los personajes a través de la toma de conciencia ya no de los que lo separa de la sociedad, sino de la compasión y nobles valores que los unen. La película avanza en situaciones de gran acción guiadas por la ejecución del escape del anfibio, tamizadas por la historia de amor entre dos seres diferentes. Se descubren además en la película escenas significativas de gran contenido simbólico. Por ejemplo cuando Giles ataca al Anfibio al descubrirlo devorando a uno de sus gatos, éste en su huída corta el brazo del hombre. Cuando Elisa lo devuelva a su apartamento, la criatura se disculpará tocando a Giles en su cabeza calva y su brazo herido. Al otro día Giles descubrirá que su cabello ha crecido y que su brazo ha sanado. Esta escena se nos representa como el intercambio profundo al dar comprensión y el retorno sanador que se recibe. Existe otra curiosidad subyacente en el diseño de los personajes que resulta también muy significativa. Se trata de la aparente inocuidad y neutralidad de las personas retratadas y como la aparición de una causa identificada con sus propias realidades, hacen que éstas dejen esa condición para encontrar su fuerza interior. En definitiva, “La forma del agua” no es sólo el final feliz diseñado por Guillermo del Toro de la película de los 50 “El Monstruo de la Laguna Negra”, sino una profunda reflexión sobre la importancia de descubrir lo que nos une. Estados Unidos.2017. 2h 03min.Drama, Fantasía, Romántica Guion Guillermo del Toro, Vanessa Taylor Reparto Sally Hawkins, Michael Shannon, Richard Jenkins Título original The Shape of Water
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