FISCALÍA PIDE 18 AÑOS DE PRISIÓN A UN HOMBRE QUE MATÓ A SU PADRE DESPUÉS DE ENTERARSE QUE VIOLABA A SU HERMANA MENOR. ¿ES JUSTO?
Crónicas del Este 03/03/2026 Política
Hay historias que incomodan porque no encajan en el molde simple de víctima y victimario. El caso que el abogado Marcos Prieto relató a Crónicas del Este es uno de ellos. Un joven está hoy en prisión preventiva acusado de matar a su propio padre de 14 disparos. Fiscalía pide 18 años de penitenciaría. La familia, en cambio, convoca a una marcha este miércoles a las 11 horas frente al Juzgado de Juan Carlos Gómez 1236, en Montevideo, bajo una consigna que interpela al sistema: “Las víctimas hablamos cuando podemos, no cuando el sistema quiere”.
El trasfondo es devastador. Según explicó Prieto, el hombre fallecido había sido condenado años atrás por violar y torturar a su esposa, ejerciendo una violencia de género brutal. Cumplió pena, recuperó la libertad y rehizo su vida. Pero la violencia no era un episodio aislado: el hijo menor —hoy imputado— se entera tiempo después de que su padre también había abusado sexualmente de su hermana cuando esta era menor de edad.
El doctor Marcos Prieto al ser entrevistado por Crónicas del Este dice: “Lo primero: la movilización es el día de mañana, miércoles. Es una movilización que ha encarado y organizado la familia, las hermanas de mi cliente”, explicó Prieto. Y aclaró: “Es la familia la que se ha movilizado. Yo simplemente la compartí porque me parece menester, por lo menos, acompañarlos en la invitación. Si bien lo mío es lo jurídico, mi trabajo es dentro del juzgado, no afuera, entiendo el sentir de la familia, que es algo muy pesado”.
¿Y por qué “es algo muy pesado”? El abogado no eludió la crudeza: “Estamos hablando de un fallecido, un padre que murió tras recibir 14 disparos”. Pero inmediatamente contextualizó: “Había violado a su esposa, la había torturado, le había ejercido una violencia de género brutal”. Según detalló, el hombre “pagó condena por esos hechos”, estuvo preso y luego recuperó la libertad. Sin embargo, tiempo después, el hijo menor —su defendido— se entera de que “no solo había pasado eso con su mamá, sino que también había violado a su hermana más chica”.
“Fue una noticia tremenda, fue un golpe brutal para él”, relató el abogado. “Con su hermana pequeña tenía un vínculo muy fuerte, y lo impactó muchísimo”. A partir de allí, la secuencia desemboca en la tragedia: “Va a hablar con el padre; el padre saca un arma de fuego; discuten, se insultan y se produce el trágico desenlace: mi cliente se defiende y efectúa 14 disparos, causándole la muerte”.
Para Prieto, el expediente no puede analizarse en forma aislada. “Hasta ahí podría parecer una cuestión estrictamente judicial”, admitió, pero de inmediato cuestionó el enfoque punitivo. “Lo que, a mi entender, no es normal es el pedido de Fiscalía de 18 años de prisión”.
No obstante, fue claro en no confrontar directamente con la representante del Ministerio Público: “No voy a decir que la fiscal esté pidiendo algo que no corresponde, porque lo que está solicitando está ajustado a derecho. Técnicamente no está mal; está haciendo su trabajo”.
El eje del planteo pasa por la agravante del vínculo. “El pedido de 18 años es una exageración. Se exacerba o incrementa por la condición de padre”, sostuvo. Y lanzó una frase que resume su postura: “Condición que, para mí, ese señor ya la había perdido hace mucho tiempo por sus propios hechos”. Para el abogado, “es padre en lo formal, pero no en el sentido moral”, y que la pena “se agrave por su condición de padre” resulta, cuanto menos, problemático.
“No es un tema contra Fiscalía, sino contra lo que la ley prevé para estos casos de parricidio”, puntualizó. Y fue más allá: “Es un debate filosófico que excede esta llamada, pero que debería darse: la condena se eleva porque es el padre. Ahora bien, ¿un padre puede cometer estas acciones?”.
La estrategia defensiva apunta directamente a la exoneración de responsabilidad. “Nosotros creemos que no le corresponden 18 años como pide Fiscalía, ni tampoco la pena de un homicidio simple”, afirmó. “A mi entender, en este caso puntualísimo corresponde exonerarlo de responsabilidad”.
Lejos de plantearlo como un argumento emocional, Prieto subrayó que se apoya en la ley: “Esto que estoy diciendo no es un invento ni un secreto; es mi teoría del caso y está previsto en el artículo 36 del Código Penal. No estoy inventando nada; estoy utilizando una herramienta jurídica que, sin lugar a dudas, se ajusta a este caso”.
El núcleo de esa tesis es la conmoción. “Fue la desesperación lo que llevó a mi cliente a actuar como actuó”, insistió. Y agregó un elemento clave: “Más allá —y tengo que decirlo— de todas las golpizas y malos tratos que sufrió a lo largo del tiempo por parte de su padre”.
Consultado al respecto, confirmó sin rodeos: “Él también era golpeado”. Y reiteró: “Sí, era golpeado reiteradamente a lo largo del tiempo”. Según el abogado, “hay numerosos testigos que lo han declarado”, y la pericia solicitada por la defensa —“una pericia extensa, de muchas carillas”— entrevistó a todo el núcleo familiar y “arroja resultados coincidentes”.
Aunque aclaró que no es especialista en salud mental, remarcó: “Me han explicado con claridad que, desde el punto de vista patológico, no hay dudas”. En su visión, “el estado de conmoción que sufrió mi cliente es el que probablemente sufriría cualquiera de nosotros ante una noticia de esta gravedad”.
El retrato que traza es el de un joven que “vivió prácticamente toda su vida bajo torturas de su padre”. Recordó incluso episodios concretos: “Lo obligaba a lijar maderas, a trabajar con cemento, con portland, sin guantes, porque ‘los hombres, los machos, trabajan así’”. Y relató una escena que, a su entender, grafica el daño psicológico: el muchacho veía a su cuñado con zapatos de seguridad y se angustiaba, diciendo: “Yo le tengo terror a estos trabajos porque mi padre me hacía trabajar así”.
“Nunca vi un caso con tanta claridad respecto al daño sostenido en el tiempo”, aseguró Prieto. Para él, el punto de quiebre fue cuando el joven se enteró de lo ocurrido con su hermana menor: “Ahí se produjo el estado de conmoción”.
La escena final, según su reconstrucción, fue directa y brutal. Cuando el hijo fue a enfrentar al padre, este habría sacado un arma y lo increpó: “¿Vos a qué venís? ¿Qué me venís a pedir cuentas?”. “Y ahí se produce el trágico desenlace”, concluyó.
Ahora será la Justicia la que deba decidir si este caso encuadra en un homicidio agravado por el vínculo o si, como sostiene la defensa, la conmoción y la historia de violencia intrafamiliar habilitan otra lectura jurídica. Mientras tanto, la familia del acusado saldrá a la calle con una consigna que resume su reclamo: que se escuche a las víctimas, incluso cuando la tragedia ya es irreversible.
Hay historias que incomodan porque no encajan en el molde simple de víctima y victimario. El caso que el abogado Marcos Prieto relató a Crónicas del Este es uno de ellos. Un joven está hoy en prisión preventiva acusado de matar a su propio padre de 14 disparos. Fiscalía pide 18 años de penitenciaría. La familia, en cambio, convoca a una marcha este miércoles a las 11 horas frente al Juzgado de Juan Carlos Gómez 1236, en Montevideo, bajo una consigna que interpela al sistema: “Las víctimas hablamos cuando podemos, no cuando el sistema quiere”. El trasfondo es devastador. Según explicó Prieto, el hombre fallecido había sido condenado años atrás por violar y torturar a su esposa, ejerciendo una violencia de género brutal. Cumplió pena, recuperó la libertad y rehizo su vida. Pero la violencia no era un episodio aislado: el hijo menor —hoy imputado— se entera tiempo después de que su padre también había abusado sexualmente de su hermana cuando esta era menor de edad. El doctor Marcos Prieto al ser entrevistado por Crónicas del Este dice: “Lo primero: la movilización es el día de mañana, miércoles. Es una movilización que ha encarado y organizado la familia, las hermanas de mi cliente”, explicó Prieto. Y aclaró: “Es la familia la que se ha movilizado. Yo simplemente la compartí porque me parece menester, por lo menos, acompañarlos en la invitación. Si bien lo mío es lo jurídico, mi trabajo es dentro del juzgado, no afuera, entiendo el sentir de la familia, que es algo muy pesado”. ¿Y por qué “es algo muy pesado”? El abogado no eludió la crudeza: “Estamos hablando de un fallecido, un padre que murió tras recibir 14 disparos”. Pero inmediatamente contextualizó: “Había violado a su esposa, la había torturado, le había ejercido una violencia de género brutal”. Según detalló, el hombre “pagó condena por esos hechos”, estuvo preso y luego recuperó la libertad. Sin embargo, tiempo después, el hijo menor —su defendido— se entera de que “no solo había pasado eso con su mamá, sino que también había violado a su hermana más chica”. “Fue una noticia tremenda, fue un golpe brutal para él”, relató el abogado. “Con su hermana pequeña tenía un vínculo muy fuerte, y lo impactó muchísimo”. A partir de allí, la secuencia desemboca en la tragedia: “Va a hablar con el padre; el padre saca un arma de fuego; discuten, se insultan y se produce el trágico desenlace: mi cliente se defiende y efectúa 14 disparos, causándole la muerte”. Para Prieto, el expediente no puede analizarse en forma aislada. “Hasta ahí podría parecer una cuestión estrictamente judicial”, admitió, pero de inmediato cuestionó el enfoque punitivo. “Lo que, a mi entender, no es normal es el pedido de Fiscalía de 18 años de prisión”. No obstante, fue claro en no confrontar directamente con la representante del Ministerio Público: “No voy a decir que la fiscal esté pidiendo algo que no corresponde, porque lo que está solicitando está ajustado a derecho. Técnicamente no está mal; está haciendo su trabajo”. El eje del planteo pasa por la agravante del vínculo. “El pedido de 18 años es una exageración. Se exacerba o incrementa por la condición de padre”, sostuvo. Y lanzó una frase que resume su postura: “Condición que, para mí, ese señor ya la había perdido hace mucho tiempo por sus propios hechos”. Para el abogado, “es padre en lo formal, pero no en el sentido moral”, y que la pena “se agrave por su condición de padre” resulta, cuanto menos, problemático. “No es un tema contra Fiscalía, sino contra lo que la ley prevé para estos casos de parricidio”, puntualizó. Y fue más allá: “Es un debate filosófico que excede esta llamada, pero que debería darse: la condena se eleva porque es el padre. Ahora bien, ¿un padre puede cometer estas acciones?”. La estrategia defensiva apunta directamente a la exoneración de responsabilidad. “Nosotros creemos que no le corresponden 18 años como pide Fiscalía, ni tampoco la pena de un homicidio simple”, afirmó. “A mi entender, en este caso puntualísimo corresponde exonerarlo de responsabilidad”. Lejos de plantearlo como un argumento emocional, Prieto subrayó que se apoya en la ley: “Esto que estoy diciendo no es un invento ni un secreto; es mi teoría del caso y está previsto en el artículo 36 del Código Penal. No estoy inventando nada; estoy utilizando una herramienta jurídica que, sin lugar a dudas, se ajusta a este caso”. El núcleo de esa tesis es la conmoción. “Fue la desesperación lo que llevó a mi cliente a actuar como actuó”, insistió. Y agregó un elemento clave: “Más allá —y tengo que decirlo— de todas las golpizas y malos tratos que sufrió a lo largo del tiempo por parte de su padre”. Consultado al respecto, confirmó sin rodeos: “Él también era golpeado”. Y reiteró: “Sí, era golpeado reiteradamente a lo largo del tiempo”. Según el abogado, “hay numerosos testigos que lo han declarado”, y la pericia solicitada por la defensa —“una pericia extensa, de muchas carillas”— entrevistó a todo el núcleo familiar y “arroja resultados coincidentes”. Aunque aclaró que no es especialista en salud mental, remarcó: “Me han explicado con claridad que, desde el punto de vista patológico, no hay dudas”. En su visión, “el estado de conmoción que sufrió mi cliente es el que probablemente sufriría cualquiera de nosotros ante una noticia de esta gravedad”. El retrato que traza es el de un joven que “vivió prácticamente toda su vida bajo torturas de su padre”. Recordó incluso episodios concretos: “Lo obligaba a lijar maderas, a trabajar con cemento, con portland, sin guantes, porque ‘los hombres, los machos, trabajan así’”. Y relató una escena que, a su entender, grafica el daño psicológico: el muchacho veía a su cuñado con zapatos de seguridad y se angustiaba, diciendo: “Yo le tengo terror a estos trabajos porque mi padre me hacía trabajar así”. “Nunca vi un caso con tanta claridad respecto al daño sostenido en el tiempo”, aseguró Prieto. Para él, el punto de quiebre fue cuando el joven se enteró de lo ocurrido con su hermana menor: “Ahí se produjo el estado de conmoción”. La escena final, según su reconstrucción, fue directa y brutal. Cuando el hijo fue a enfrentar al padre, este habría sacado un arma y lo increpó: “¿Vos a qué venís? ¿Qué me venís a pedir cuentas?”. “Y ahí se produce el trágico desenlace”, concluyó. Ahora será la Justicia la que deba decidir si este caso encuadra en un homicidio agravado por el vínculo o si, como sostiene la defensa, la conmoción y la historia de violencia intrafamiliar habilitan otra lectura jurídica. Mientras tanto, la familia del acusado saldrá a la calle con una consigna que resume su reclamo: que se escuche a las víctimas, incluso cuando la tragedia ya es irreversible.
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