¡HERMANOS URUGUAYOS, MIREN LO QUE ESTÁ HACIENDO MILEI CON LA ARGENTINA: ¡UN LOCO DESQUICIADO QUE ENTREGA HASTA EL FUTURO!
Crónicas del Este 17/10/2026 Política
Hermanos uruguayos, vecinos del otro lado del río: si quieren saber cómo un país puede tenerlo todo y terminar rifando sus riquezas, sus recursos y su futuro, miren a la Argentina de Javier Milei. Lo que ocurre del otro lado del Plata no es un chiste ni una anécdota de un presidente excéntrico. Es una advertencia para toda América Latina.Este hombre llegó al poder prometiendo terminar con la casta y se comporta como si la Argentina fuera una propiedad privada que puede liquidar al mejor postor. ¡Qué carajo le importa el mañana si su obsesión es demostrarle al mundo que no existe nadie más obediente a los intereses del gran capital!La nota publicada por Página/12, titulada “La Argentina de Milei regala lo que el mundo protege”, pone el dedo en una cuestión fundamental: los beneficios otorgados para atraer grandes centros de datos, el consumo de recursos estratégicos y las garantías que debe exigir un Estado para proteger los intereses de su población.¡Agua y electricidad, señores! Dos recursos esenciales para cualquier nación. Mientras el mundo discute cómo garantizar su disponibilidad frente a las nuevas demandas tecnológicas, la Argentina corre el riesgo de ofrecer condiciones demasiado generosas sin asegurar que los beneficios para el país estén a la altura de las ventajas concedidas a las empresas.¡EL NEGOCIO ES DE ELLOS, PERO LA CUENTA LA PAGA EL PUEBLO!Que quede claro: nadie sensato está en contra de las inversiones extranjeras, la tecnología o los centros de datos. La Argentina necesita modernizarse, generar empleo y desarrollar su industria. Pero una cosa es atraer inversiones y otra muy distinta es regalar ventajas sin exigir suficientes garantías.¿Quién asegura que esos negocios crearán empleos de calidad? ¿Quién controla el impacto sobre el agua y la electricidad? ¿Qué obtiene la sociedad argentina a cambio de los beneficios fiscales que se conceden?¡Esas son las preguntas que debería hacerse cualquier gobierno que defienda a su pueblo!Pero para Milei, el Estado parece ser un enemigo cuando tiene que proteger al trabajador, al jubilado o a una familia que no llega a fin de mes. En cambio, cuando se trata de facilitar negocios a los grandes capitales, las reglas especiales y los incentivos se convierten en herramientas indispensables.¡Qué casualidad, carajo! El sacrificio siempre se les exige a los mismos, mientras los poderosos reciben invitaciones para hacer negocios.El problema no es solamente económico. Es una cuestión de soberanía. Si un país entrega ventajas sin negociar adecuadamente, puede terminar poniendo sus recursos al servicio de intereses privados sin garantizar un retorno proporcional para su población.URUGUAY, NO MIRES PARA OTRO LADOHermanos uruguayos, ustedes saben perfectamente lo que valen el agua, la energía y los recursos naturales. Saben también que la soberanía no consiste en levantar una bandera mientras se firman acuerdos que pueden comprometer el futuro.No miren lo que pasa en Argentina como si fuera un espectáculo ajeno. América Latina tiene recursos, tierras, agua, energía y enormes posibilidades de desarrollo. Pero también corre el riesgo de convertirse en una proveedora barata de materias primas e infraestructura mientras las grandes ganancias y las decisiones estratégicas quedan en manos de otros.Milei parece convencido de que cualquier regulación es un obstáculo y que el mercado resolverá todos los problemas. ¡Pero la libertad de una multinacional para ganar dinero no puede estar por encima del derecho de una sociedad a proteger sus recursos!Un presidente no está para competir por quién les hace más reverencias a los poderosos. Está para negociar, establecer condiciones y garantizar que las inversiones contribuyan al bienestar de su gente.¡LA PATRIA NO SE VENDE, CARAJO!Desde una mirada peronista y kirchnerista, la discusión es clarísima: inversión sí, tecnología sí y desarrollo sí, pero con soberanía, trabajo digno y beneficios concretos para el pueblo. No con un Estado arrodillado ante los intereses económicos.Estamos ante un dirigente que, a nuestro juicio, lleva su fanatismo ideológico hasta extremos alarmantes. Un presidente que actúa como si desregular y conceder ventajas al capital privado fueran objetivos superiores a la defensa del interés nacional. Un vendepatria, dirán sus detractores; un libertario convencido, responderán sus seguidores. Pero lo que importa son las consecuencias concretas de sus decisiones.Hermanos uruguayos: cuiden lo suyo. Exijan transparencia, controles y condiciones claras para cada inversión. No permitan que la palabra progreso se convierta en una cortina de humo detrás de negocios cuyos costos terminarán pagando las mayorías.Porque la Argentina no es una estancia, sus recursos no son un regalo y su pueblo no es un convidado de piedra.¡Los presidentes pasan, los contratos quedan y las consecuencias las sufren los pueblos!¡La patria no se vende, carajo!
Hermanos uruguayos, vecinos del otro lado del río: si quieren saber cómo un país puede tenerlo todo y terminar rifando sus riquezas, sus recursos y su futuro, miren a la Argentina de Javier Milei. Lo que ocurre del otro lado del Plata no es un chiste ni una anécdota de un presidente excéntrico. Es una advertencia para toda América Latina.Este hombre llegó al poder prometiendo terminar con la casta y se comporta como si la Argentina fuera una propiedad privada que puede liquidar al mejor postor. ¡Qué carajo le importa el mañana si su obsesión es demostrarle al mundo que no existe nadie más obediente a los intereses del gran capital!La nota publicada por Página/12, titulada “La Argentina de Milei regala lo que el mundo protege”, pone el dedo en una cuestión fundamental: los beneficios otorgados para atraer grandes centros de datos, el consumo de recursos estratégicos y las garantías que debe exigir un Estado para proteger los intereses de su población.¡Agua y electricidad, señores! Dos recursos esenciales para cualquier nación. Mientras el mundo discute cómo garantizar su disponibilidad frente a las nuevas demandas tecnológicas, la Argentina corre el riesgo de ofrecer condiciones demasiado generosas sin asegurar que los beneficios para el país estén a la altura de las ventajas concedidas a las empresas.¡EL NEGOCIO ES DE ELLOS, PERO LA CUENTA LA PAGA EL PUEBLO!Que quede claro: nadie sensato está en contra de las inversiones extranjeras, la tecnología o los centros de datos. La Argentina necesita modernizarse, generar empleo y desarrollar su industria. Pero una cosa es atraer inversiones y otra muy distinta es regalar ventajas sin exigir suficientes garantías.¿Quién asegura que esos negocios crearán empleos de calidad? ¿Quién controla el impacto sobre el agua y la electricidad? ¿Qué obtiene la sociedad argentina a cambio de los beneficios fiscales que se conceden?¡Esas son las preguntas que debería hacerse cualquier gobierno que defienda a su pueblo!Pero para Milei, el Estado parece ser un enemigo cuando tiene que proteger al trabajador, al jubilado o a una familia que no llega a fin de mes. En cambio, cuando se trata de facilitar negocios a los grandes capitales, las reglas especiales y los incentivos se convierten en herramientas indispensables.¡Qué casualidad, carajo! El sacrificio siempre se les exige a los mismos, mientras los poderosos reciben invitaciones para hacer negocios.El problema no es solamente económico. Es una cuestión de soberanía. Si un país entrega ventajas sin negociar adecuadamente, puede terminar poniendo sus recursos al servicio de intereses privados sin garantizar un retorno proporcional para su población.URUGUAY, NO MIRES PARA OTRO LADOHermanos uruguayos, ustedes saben perfectamente lo que valen el agua, la energía y los recursos naturales. Saben también que la soberanía no consiste en levantar una bandera mientras se firman acuerdos que pueden comprometer el futuro.No miren lo que pasa en Argentina como si fuera un espectáculo ajeno. América Latina tiene recursos, tierras, agua, energía y enormes posibilidades de desarrollo. Pero también corre el riesgo de convertirse en una proveedora barata de materias primas e infraestructura mientras las grandes ganancias y las decisiones estratégicas quedan en manos de otros.Milei parece convencido de que cualquier regulación es un obstáculo y que el mercado resolverá todos los problemas. ¡Pero la libertad de una multinacional para ganar dinero no puede estar por encima del derecho de una sociedad a proteger sus recursos!Un presidente no está para competir por quién les hace más reverencias a los poderosos. Está para negociar, establecer condiciones y garantizar que las inversiones contribuyan al bienestar de su gente.¡LA PATRIA NO SE VENDE, CARAJO!Desde una mirada peronista y kirchnerista, la discusión es clarísima: inversión sí, tecnología sí y desarrollo sí, pero con soberanía, trabajo digno y beneficios concretos para el pueblo. No con un Estado arrodillado ante los intereses económicos.Estamos ante un dirigente que, a nuestro juicio, lleva su fanatismo ideológico hasta extremos alarmantes. Un presidente que actúa como si desregular y conceder ventajas al capital privado fueran objetivos superiores a la defensa del interés nacional. Un vendepatria, dirán sus detractores; un libertario convencido, responderán sus seguidores. Pero lo que importa son las consecuencias concretas de sus decisiones.Hermanos uruguayos: cuiden lo suyo. Exijan transparencia, controles y condiciones claras para cada inversión. No permitan que la palabra progreso se convierta en una cortina de humo detrás de negocios cuyos costos terminarán pagando las mayorías.Porque la Argentina no es una estancia, sus recursos no son un regalo y su pueblo no es un convidado de piedra.¡Los presidentes pasan, los contratos quedan y las consecuencias las sufren los pueblos!¡La patria no se vende, carajo!
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