JHON TOWN: “LA VERDAD A VECES ES MEJOR NO SABERLA”
Crónicas del Este 29/08/2026 Política
Lunes 24 de agosto. 18.50 horas. Bar Mendizábal, Pocitos.Cuando llegué, Jhon Town ya estaba sentado. Frente a él había un café y el teléfono descansaba boca abajo sobre la mesa. No había diarios ni papeles. Con Jhon, esas cosas siempre me generan cierta desconfianza.—Cuente algo, amigo Jhon. Que comienza la semana.No respondió inmediatamente.—¿Qué tiene Jhon para esta semana?Entonces levantó la mirada.—Huawai... el roble poderoso y el bambú. El roble resiste a fuerza de voluntad, y el bambú se dobla hasta el límite, acompaña el viento, pero no se quiebra.Hizo una pausa.—La adaptación es la nostalgia que extraño.Como siempre, Jhon había empezado hablando de árboles y ya me estaba llevando hacia la política.—El Gallito Luis hizo algo que ningún gobierno hizo: democratizó y le dio oportunidades a todos, con títulos y sin títulos, a buscar empleo.Tomó un sorbo de café.—Pero bueno, ahí luego vienen las consultoras, esas que hablamos siempre. Consultoras para elegir empleados y para hacer auditorías. Hacen un estudio primero para ver si hay posibilidad de invertir.Lo dejé continuar.—Entonces, si se hicieron mil estudios y se eligió una empresa, ¿por qué se culpan unos a otros? La verdad a veces no hace bien. Esto viene desde el 2011. Revisé la comisión, creo que votaron por unanimidad comprar las lanchas, necesarias para el país. Luego se demoró un poco, que le termina comprando la gestión anterior de gobierno.Era visto que se refería al caso Cardama.—Ahora la oposición hizo denuncia penal en el caso Cardama. ¿Cómo termina esto al final? ¿En tablas, como los empates en ajedrez?. Pregunté.Jhon me miró fijamente.—No, acá perdemos todos. Ya perdimos... La plata de Cardama. El estudio contratado en el extranjero.—¿Mucho dinero?—Millones.—El estudio que contrató el gobierno, sí sabía...Jhon bajó la voz.—La verdad a veces es mejor no saberla, si la Justicia es imparcial en este mundo. Hecha la ley, hecha la trampa.Insistí.—Pero Jhon, no se me vaya por las ramas. ¿Habrá algún culpable a su criterio o será otro empate conveniente para todos? El gobierno de Yamandú se jugó todos los cartuchos a que en Fiscalía encuentren algo. Si no hay culpables, es un triunfo de la Coalición Republicana, ¿no?Jhon no pareció apurarse.—Los contratos están firmados en un tribunal imparcial, Francia. Acá no van a venir, y Uruguay a La Coruña tampoco. Siempre es mejor un mal trato que una guerra.Me miró.—¿Sabe cuánto tiempo estaremos con esto?No contesté.—Hasta el infinito y más allá.Después agregó sonriendo:—Nos vamos a olvidar pronto.Pensé que el tema había terminado, pero Jhon tenía otra cosa preparada.—¿Se acuerda de aquel grupo colombiano que ganaba autos en sorteos por América? Y los agarran los ingleses.—Me acuerdo.Jhon sonrió.—Justo a los ingleses van a querer cagar.Después soltó otra de esas frases suyas que parecen no tener relación con nada y, sin embargo, siempre terminan llevándolo a algún lugar.—Pues, al final, el puerto es de ellos, los barquitos también, mientras no tenemos lanchas.—¿Y la pesca de quién es?Esta vez la respuesta fue inmediata:—Del que aprende a mirar cuando está la fruta para cosechar. La nostalgia, eso que nos hace infelices, buscando lo que ya pasó... Fíjese cómo arrancamos con el Gallito Luis.Ya no sabía si estábamos hablando de Cardama, de las lanchas, de la pesca o de la nostalgia o de todo junto.Entonces decidí provocarlo.—Usted y su lenguaje encriptado. ¿Dónde aprendió eso, en la KGB en el tiempo de la Guerra Fría?Se rio pero enseguida cambió el tono.—Acá hay culpables y responsables. Es la primera vez que los periodistas no están involucrados. ¿Vio eso?—¿Cómo?—Siempre se destapa un tarro por los superhéroes. Esta vez no.Aproveché para preguntarle cuáles eran, a su juicio, los periodistas más influyentes de Uruguay.—¿Influyentes o que marcan agenda? —me respondió.—Las dos cosas.—Yo creo que hay programas que hacen una muy buena gestión...Esperé los nombres.—Y después hay pasquines. Militantes y no está mal.Le pedí nombres nuevamente.—Usted es muy hábil —le dije.Jhon sonrió otra vez.—Que andan bien en lo suyo. Militantes.Finalmente mencionó:—Pettinati lo hace bien, Madrid, Aldo Silva.Le tiré otros nombres.—¿Eduardo Preve, Ignacio Álvarez?Jhon fue contundente:—Los que nombró, no son periodistas.Después agregó:—Y hay muchos emergentes y buenos periodistas.Se quedó unos segundos en silencio.—Hay una nueva modalidad de informar. Y entonces lanzó una de esas frases que parecen escritas para dejarme pensando toda la tarde:—No hay nada más clandestino que un informativo para un comité de mencheviques.—Gracias, Jhon. Me deja impactado como siempre.Pero esta vez fue él quien pasó al ataque.—Le devuelvo la pregunta.Me miró directamente.—Usted sabe que lo leen, sabe que lo siguen, sabe que el chusmerío vende más que la noticia real.Pausa.—¿Usted cree que sirve informar la verdad?No respondí. No sabía qué decir…Jhon insistió:—Si no la informa y la conoce, es cómplice.—Lo tendré en cuenta. Dije de manera de terminar el tema. Entonces me preguntó:—¿Es cómplice?—No sea malo, Jhon...Se levantó, tomó el teléfono y se acomodó el saco. Cuando estaba por salir, se dio vuelta.—La próxima vez, pase, me saluda y siga. Solo me saluda y siga... así no es cómplice. Saludos.—Igualmente.Y se fue.Yo me quedé sentado, mirando la taza vacía.Pensando en las lanchas, en Cardama, en los periodistas, en la pesca y en aquella extraña conversación que había comenzado con un roble y un bambú y había terminado con una advertencia.Porque con Jhon Town uno nunca sabe exactamente dónde termina la metáfora y dónde empieza el mensaje.Y todavía me quedó dando vueltas una frase: “Si no la informa y la conoce, es cómplice.”
Lunes 24 de agosto. 18.50 horas. Bar Mendizábal, Pocitos.Cuando llegué, Jhon Town ya estaba sentado. Frente a él había un café y el teléfono descansaba boca abajo sobre la mesa. No había diarios ni papeles. Con Jhon, esas cosas siempre me generan cierta desconfianza.—Cuente algo, amigo Jhon. Que comienza la semana.No respondió inmediatamente.—¿Qué tiene Jhon para esta semana?Entonces levantó la mirada.—Huawai... el roble poderoso y el bambú. El roble resiste a fuerza de voluntad, y el bambú se dobla hasta el límite, acompaña el viento, pero no se quiebra.Hizo una pausa.—La adaptación es la nostalgia que extraño.Como siempre, Jhon había empezado hablando de árboles y ya me estaba llevando hacia la política.—El Gallito Luis hizo algo que ningún gobierno hizo: democratizó y le dio oportunidades a todos, con títulos y sin títulos, a buscar empleo.Tomó un sorbo de café.—Pero bueno, ahí luego vienen las consultoras, esas que hablamos siempre. Consultoras para elegir empleados y para hacer auditorías. Hacen un estudio primero para ver si hay posibilidad de invertir.Lo dejé continuar.—Entonces, si se hicieron mil estudios y se eligió una empresa, ¿por qué se culpan unos a otros? La verdad a veces no hace bien. Esto viene desde el 2011. Revisé la comisión, creo que votaron por unanimidad comprar las lanchas, necesarias para el país. Luego se demoró un poco, que le termina comprando la gestión anterior de gobierno.Era visto que se refería al caso Cardama.—Ahora la oposición hizo denuncia penal en el caso Cardama. ¿Cómo termina esto al final? ¿En tablas, como los empates en ajedrez?. Pregunté.Jhon me miró fijamente.—No, acá perdemos todos. Ya perdimos... La plata de Cardama. El estudio contratado en el extranjero.—¿Mucho dinero?—Millones.—El estudio que contrató el gobierno, sí sabía...Jhon bajó la voz.—La verdad a veces es mejor no saberla, si la Justicia es imparcial en este mundo. Hecha la ley, hecha la trampa.Insistí.—Pero Jhon, no se me vaya por las ramas. ¿Habrá algún culpable a su criterio o será otro empate conveniente para todos? El gobierno de Yamandú se jugó todos los cartuchos a que en Fiscalía encuentren algo. Si no hay culpables, es un triunfo de la Coalición Republicana, ¿no?Jhon no pareció apurarse.—Los contratos están firmados en un tribunal imparcial, Francia. Acá no van a venir, y Uruguay a La Coruña tampoco. Siempre es mejor un mal trato que una guerra.Me miró.—¿Sabe cuánto tiempo estaremos con esto?No contesté.—Hasta el infinito y más allá.Después agregó sonriendo:—Nos vamos a olvidar pronto.Pensé que el tema había terminado, pero Jhon tenía otra cosa preparada.—¿Se acuerda de aquel grupo colombiano que ganaba autos en sorteos por América? Y los agarran los ingleses.—Me acuerdo.Jhon sonrió.—Justo a los ingleses van a querer cagar.Después soltó otra de esas frases suyas que parecen no tener relación con nada y, sin embargo, siempre terminan llevándolo a algún lugar.—Pues, al final, el puerto es de ellos, los barquitos también, mientras no tenemos lanchas.—¿Y la pesca de quién es?Esta vez la respuesta fue inmediata:—Del que aprende a mirar cuando está la fruta para cosechar. La nostalgia, eso que nos hace infelices, buscando lo que ya pasó... Fíjese cómo arrancamos con el Gallito Luis.Ya no sabía si estábamos hablando de Cardama, de las lanchas, de la pesca o de la nostalgia o de todo junto.Entonces decidí provocarlo.—Usted y su lenguaje encriptado. ¿Dónde aprendió eso, en la KGB en el tiempo de la Guerra Fría?Se rio pero enseguida cambió el tono.—Acá hay culpables y responsables. Es la primera vez que los periodistas no están involucrados. ¿Vio eso?—¿Cómo?—Siempre se destapa un tarro por los superhéroes. Esta vez no.Aproveché para preguntarle cuáles eran, a su juicio, los periodistas más influyentes de Uruguay.—¿Influyentes o que marcan agenda? —me respondió.—Las dos cosas.—Yo creo que hay programas que hacen una muy buena gestión...Esperé los nombres.—Y después hay pasquines. Militantes y no está mal.Le pedí nombres nuevamente.—Usted es muy hábil —le dije.Jhon sonrió otra vez.—Que andan bien en lo suyo. Militantes.Finalmente mencionó:—Pettinati lo hace bien, Madrid, Aldo Silva.Le tiré otros nombres.—¿Eduardo Preve, Ignacio Álvarez?Jhon fue contundente:—Los que nombró, no son periodistas.Después agregó:—Y hay muchos emergentes y buenos periodistas.Se quedó unos segundos en silencio.—Hay una nueva modalidad de informar. Y entonces lanzó una de esas frases que parecen escritas para dejarme pensando toda la tarde:—No hay nada más clandestino que un informativo para un comité de mencheviques.—Gracias, Jhon. Me deja impactado como siempre.Pero esta vez fue él quien pasó al ataque.—Le devuelvo la pregunta.Me miró directamente.—Usted sabe que lo leen, sabe que lo siguen, sabe que el chusmerío vende más que la noticia real.Pausa.—¿Usted cree que sirve informar la verdad?No respondí. No sabía qué decir…Jhon insistió:—Si no la informa y la conoce, es cómplice.—Lo tendré en cuenta. Dije de manera de terminar el tema. Entonces me preguntó:—¿Es cómplice?—No sea malo, Jhon...Se levantó, tomó el teléfono y se acomodó el saco. Cuando estaba por salir, se dio vuelta.—La próxima vez, pase, me saluda y siga. Solo me saluda y siga... así no es cómplice. Saludos.—Igualmente.Y se fue.Yo me quedé sentado, mirando la taza vacía.Pensando en las lanchas, en Cardama, en los periodistas, en la pesca y en aquella extraña conversación que había comenzado con un roble y un bambú y había terminado con una advertencia.Porque con Jhon Town uno nunca sabe exactamente dónde termina la metáfora y dónde empieza el mensaje.Y todavía me quedó dando vueltas una frase: “Si no la informa y la conoce, es cómplice.”
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