LA GRAN SEDUCCIÓN: UNA PUERTA EN EL LABERINTO
Crónicas del Este 18/02/2024 Política
Marcelo Fabani
Cuando se mira una película del género comedia, se espera pasar un buen rato con la meta de reírse y emocionarse. “La gran seducción” aparenta seguir esa dirección, presentando situaciones de enredos muy graciosas en un gigantesco engaño que se presume que terminará explotándole en la cara a los pergeñadores. Pero muy equivocado es asumir que esta es la única y principal faceta de una película que es un ejemplo de cómo se puede sintetizar en una historia simple una situación tremendamente compleja que en la actualidad están viviendo varias regiones del mundo.
El pueblo de Santa María tiene 120 habitantes y se asienta en una isla. Ha subsistido por generaciones gracias a la pesca en sus aguas. La vida es tranquila y todos en el pueblo se conocen. Pero un día, una planta procesadora de pescado se asienta en una isla aledaña, y pesca en las mismas aguas, generando una merma significativa en la actividad económica de los habitantes y un grave daño en sus modestos bolsillos. La emigración es el primero de los signos de la decadencia de Santa María, generando las primeras separaciones familiares.
El gobierno asiste al pueblo a través de subsidios, pero esta ayuda resulta insuficiente frente a lo que se percibía por concepto de trabajo. Rotundamente, la gente quiere volver a trabajar y la única forma de hacerlo es lograr que una planta empacadora de pescado se asiente en Santa María.
El protagonista de la película, Germán (Memo Villegas), ama su pueblo y jamás lo dejará, por lo que decide presentar batalla con todas las armas a su alcance para que Santa María subsista. Programa una reunión con el dueño de la empresa pesquera, quien le impone al pueblo entero dos condiciones para instalar la nueva planta de empaque. Esto hará posible tanto el resurgimiento económico del pueblo como el tan ansiado retorno de todos aquellos que se han ido lejos para poder mantener a sus familias. La primera condición es que el pueblo consiga que un médico se instale en el mismo por 5 años bajo contrato. La segunda condición es que el pueblo tenga 210 habitantes mínimo.
Si bien el guión plantea de una forma muy azarosa la razón de la llegada al pueblo del Dr. Mateo (Pierre Louis), las situaciones que se desarrollan a continuación son muy graciosas por la creatividad de sus habitantes para convencer al galeno que Santa María es y será su lugar en el mundo para vivir. Y aquí es donde se plantea la primera gran situación que podría calificarse como positiva, ya que todos los habitantes se comprometen en sus respectivos puestos y con sus respectivas habilidades, a un juego de equipo donde todos son fundamentales para lograr una única meta que involucrará la felicidad no sólo colectiva sino en particular de cada uno de ellos.
Es de destacar el límite que alcanzan personas simples que de un momento a otro, sacrifican sus más confortables situaciones individuales en aras del bien común. Años de una rutina plácida son tirados por la borda ante la toma de conciencia del precipicio al que van a caer si no toman una acción decidida por salvar al pueblo. Desde un punto de vista metafórico, el pueblo insular de Santa María, que ha vivido siempre de su propio esfuerzo gracias a sus recursos pesqueros explotados de forma artesanal, representa a aquellas naciones soberanas que han vivido siempre de sus recursos naturales y que han sido alcanzadas por un mercado global que las somete a sus propias reglas y que las despojan de éstos.
La imposibilidad de pescar porque la industria ha agotado la población de peces y el chantaje al que es sometido el pueblo si desea sobrevivir, nos plantea de forma tan simple como explícita, cómo una comunidad entera debe alterar sus valores hasta límites indignos para mantener su derecho de existir. Y la pregunta que queda flotando en el aire es ¿hasta dónde hay que renunciar a derechos inalienables en una situación donde la violación de la soberanía es tan abrumadora?
El laberinto en el que ha sido puesto este pueblo antes independiente y autosostenible, lo aisla del mundo en el que ha vivido hasta ahora y lo encierra junto a sus propios demonios. La mentira, el chantaje, el fraude económico, la estafa sentimental son algunos de esos demonios con los que se encontrará Santa María en el recinto sin salida en el que lo ha colocado una economía mucho más poderosa que la suya. Es muy interesante ver la simpleza y contundencia con la que los habitantes del pueblo encontrarán la puerta de salida renunciando a sus propios principios de vida y justificando esta situación con la posterior consecución de un bien inmenso para todos.
El bien inmenso es mantener el lugar en el mundo donde nacieron, vivieron y murieron sus antepasados y ellos mismos. El bien inmenso es el aprecio consciente de la riqueza que nos brinda la Naturaleza y del mundo en el que vivimos. Evitando cualquier spoiler, sólo se expondrá aquí que la película sigue los lineamientos de la comedia y que no defraudará ni a los seguidores de este género como a aquellas personas que logren ver las tangibles coincidencias con el mundo actual que plantea esta metáfora.
“La gran seducción”. México. 2023. 1 hora y 34 minutos. Protagonistas: Guillermo “Memo” Villegas, Pierre Louis, Yalitza Aparicio. Netflix.
Marcelo Fabani
Cuando se mira una película del género comedia, se espera pasar un buen rato con la meta de reírse y emocionarse. “La gran seducción” aparenta seguir esa dirección, presentando situaciones de enredos muy graciosas en un gigantesco engaño que se presume que terminará explotándole en la cara a los pergeñadores. Pero muy equivocado es asumir que esta es la única y principal faceta de una película que es un ejemplo de cómo se puede sintetizar en una historia simple una situación tremendamente compleja que en la actualidad están viviendo varias regiones del mundo. El pueblo de Santa María tiene 120 habitantes y se asienta en una isla. Ha subsistido por generaciones gracias a la pesca en sus aguas. La vida es tranquila y todos en el pueblo se conocen. Pero un día, una planta procesadora de pescado se asienta en una isla aledaña, y pesca en las mismas aguas, generando una merma significativa en la actividad económica de los habitantes y un grave daño en sus modestos bolsillos. La emigración es el primero de los signos de la decadencia de Santa María, generando las primeras separaciones familiares. El gobierno asiste al pueblo a través de subsidios, pero esta ayuda resulta insuficiente frente a lo que se percibía por concepto de trabajo. Rotundamente, la gente quiere volver a trabajar y la única forma de hacerlo es lograr que una planta empacadora de pescado se asiente en Santa María. El protagonista de la película, Germán (Memo Villegas), ama su pueblo y jamás lo dejará, por lo que decide presentar batalla con todas las armas a su alcance para que Santa María subsista. Programa una reunión con el dueño de la empresa pesquera, quien le impone al pueblo entero dos condiciones para instalar la nueva planta de empaque. Esto hará posible tanto el resurgimiento económico del pueblo como el tan ansiado retorno de todos aquellos que se han ido lejos para poder mantener a sus familias. La primera condición es que el pueblo consiga que un médico se instale en el mismo por 5 años bajo contrato. La segunda condición es que el pueblo tenga 210 habitantes mínimo. Si bien el guión plantea de una forma muy azarosa la razón de la llegada al pueblo del Dr. Mateo (Pierre Louis), las situaciones que se desarrollan a continuación son muy graciosas por la creatividad de sus habitantes para convencer al galeno que Santa María es y será su lugar en el mundo para vivir. Y aquí es donde se plantea la primera gran situación que podría calificarse como positiva, ya que todos los habitantes se comprometen en sus respectivos puestos y con sus respectivas habilidades, a un juego de equipo donde todos son fundamentales para lograr una única meta que involucrará la felicidad no sólo colectiva sino en particular de cada uno de ellos. Es de destacar el límite que alcanzan personas simples que de un momento a otro, sacrifican sus más confortables situaciones individuales en aras del bien común. Años de una rutina plácida son tirados por la borda ante la toma de conciencia del precipicio al que van a caer si no toman una acción decidida por salvar al pueblo. Desde un punto de vista metafórico, el pueblo insular de Santa María, que ha vivido siempre de su propio esfuerzo gracias a sus recursos pesqueros explotados de forma artesanal, representa a aquellas naciones soberanas que han vivido siempre de sus recursos naturales y que han sido alcanzadas por un mercado global que las somete a sus propias reglas y que las despojan de éstos. La imposibilidad de pescar porque la industria ha agotado la población de peces y el chantaje al que es sometido el pueblo si desea sobrevivir, nos plantea de forma tan simple como explícita, cómo una comunidad entera debe alterar sus valores hasta límites indignos para mantener su derecho de existir. Y la pregunta que queda flotando en el aire es ¿hasta dónde hay que renunciar a derechos inalienables en una situación donde la violación de la soberanía es tan abrumadora? El laberinto en el que ha sido puesto este pueblo antes independiente y autosostenible, lo aisla del mundo en el que ha vivido hasta ahora y lo encierra junto a sus propios demonios. La mentira, el chantaje, el fraude económico, la estafa sentimental son algunos de esos demonios con los que se encontrará Santa María en el recinto sin salida en el que lo ha colocado una economía mucho más poderosa que la suya. Es muy interesante ver la simpleza y contundencia con la que los habitantes del pueblo encontrarán la puerta de salida renunciando a sus propios principios de vida y justificando esta situación con la posterior consecución de un bien inmenso para todos. El bien inmenso es mantener el lugar en el mundo donde nacieron, vivieron y murieron sus antepasados y ellos mismos. El bien inmenso es el aprecio consciente de la riqueza que nos brinda la Naturaleza y del mundo en el que vivimos. Evitando cualquier spoiler, sólo se expondrá aquí que la película sigue los lineamientos de la comedia y que no defraudará ni a los seguidores de este género como a aquellas personas que logren ver las tangibles coincidencias con el mundo actual que plantea esta metáfora. “La gran seducción”. México. 2023. 1 hora y 34 minutos. Protagonistas: Guillermo “Memo” Villegas, Pierre Louis, Yalitza Aparicio. Netflix.
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