LA REAL ORDEN DEL 19 DE OCTUBRE DE 1594: PRIMER PASO HACIA LA FUNDACIÓN DE MALDONADO
Crónicas del Este 19/10/2024 Sociedad
Imagina por un momento que estamos en un viaje en el tiempo, retrocediendo a través de los siglos, hasta llegar al 19 de octubre de 1594. La escena es la corte del poderoso Rey Felipe II de España, quien, desde su residencia en San Lorenzo, extiende una orden que cambiaría para siempre la historia de un rincón desconocido del mundo: la futura Maldonado.
En esta Real Orden, el monarca sugiere al gobernador de Paraguay, don Fernando de Zárate, la importancia de poblar una pequeña isla situada frente a la costa del actual Uruguay. Esta isla, conocida hoy como Gorriti, era entonces un punto clave para la navegación, en peligro constante debido a naufragios y ataques de indígenas. Era necesario establecer un asentamiento allí para proteger los navíos que surcaban esas aguas, y de este modo, el nombre "Maldonado" empezó a dibujarse en los mapas, extendiéndose no solo a la isla, sino también a la tierra firme y las regiones circundantes.
Sin embargo, como muchas decisiones en la vasta maquinaria colonial, la orden de Felipe II no fue cumplida de inmediato. Ni Zárate ni su sucesor, Juan Ramírez de Velazco, tomaron cartas en el asunto. Pasaron seis años hasta que, en 1600, el recién llegado gobernador de Buenos Aires, Diego Rodríguez Valdés de la Banda, decidió retomar la cuestión con la seriedad que merecía. En una carabela armada para la exploración, se realizó un detallado relevamiento de la zona. Los informes fueron enviados al nuevo monarca, Felipe III, quien había heredado la corona tras la muerte de su padre.
Los informes no solo establecieron la importancia estratégica de Maldonado, sino que colocaron los primeros cimientos simbólicos de lo que con el tiempo se conocería como San Fernando de Maldonado, nombre que sus habitantes llevarían con orgullo como "fernandinos". La idea de un asentamiento en ese rincón del Río de la Plata había echado raíces, aunque pasarían muchos años antes de que se concretara por completo.
Saltamos ahora en el tiempo, casi un siglo y medio después, a una nueva etapa en la historia de Maldonado. En 1750, tras la firma del Tratado de Madrid, se inició la demarcación de las fronteras entre las posesiones españolas y portuguesas en América. Fue entonces cuando José Joaquín de Viana, el gobernador militar de Montevideo, envió una sugerencia al rey de España para fundar dos pueblos estratégicos: uno en Maldonado y otro en Minas. Sin respuesta del soberano, Viana decidió tomar la iniciativa por sí mismo.
En agosto de 1755, acompañado por unas pocas familias, Viana marchó hacia el paraje de Maldonado, cerca del actual Portezuelo, y con el puerto a la vista, comenzó a sentar las bases de un asentamiento. Aunque Viana pronto tuvo que abandonar el lugar, dejó a los habitantes las herramientas y los animales necesarios para su subsistencia. Casi dos años después, Viana regresó, trayendo consigo siete familias indígenas de las Misiones, un acto que amplió y consolidó la joven población. Durante este segundo retorno, el asentamiento fue trasladado a su ubicación actual, consolidando así lo que años más tarde se convertiría en la ciudad de Maldonado.
Unos años después, entre 1777 y 1778, la joven población de Maldonado adquirió aún mayor relevancia cuando el virrey Pedro de Cevallos la eligió como su cuartel general durante la campaña militar contra los portugueses. La villa no solo crecía en importancia estratégica, sino también en número de habitantes.
Para 1783, Maldonado ya era un centro pujante, con estancias y una comunidad establecida. Los vecinos, liderados por Don Luis Estremera, gestionaron la creación de un Cabildo, formalizando así la organización jurídica de la ciudad. Cuatro años más tarde, en marzo de 1787, se celebraron elecciones para el primer Cabildo, marcando el inicio de la vida institucional de la ciudad bajo el nombre oficial de San Fernando de Maldonado.
Este viaje en el tiempo nos deja con una pregunta que el historiador Pérez Montero planteó muchos años después: ¿cuándo puede considerarse fundada realmente Maldonado? ¿Fue en 1755, cuando Viana asentó a las primeras familias? ¿Fue en 1757, con la llegada de más colonos de las Misiones? ¿O tal vez en 1787, cuando se estableció formalmente el Cabildo? Lo que sí es seguro es que, a lo largo de los años, Maldonado fue creciendo y consolidándose, tejiendo una rica historia que, hasta el día de hoy, define su identidad.
El nombre de José Joaquín de Viana sigue asociado a este proceso fundacional. Nacido en Lagrán, España, en 1718, y abuelo del futuro presidente uruguayo Manuel Oribe, Viana dejó su huella en la historia de Maldonado y de la región, demostrando cómo la voluntad y la determinación pueden convertir un sueño en una realidad duradera. Así, el 19 de octubre de 1594, aunque solo fue el inicio de una sugerencia real, marcó el punto de partida de un destino que acabaría por dar vida a una de las ciudades más importantes de la costa uruguaya.
Imagina por un momento que estamos en un viaje en el tiempo, retrocediendo a través de los siglos, hasta llegar al 19 de octubre de 1594. La escena es la corte del poderoso Rey Felipe II de España, quien, desde su residencia en San Lorenzo, extiende una orden que cambiaría para siempre la historia de un rincón desconocido del mundo: la futura Maldonado. En esta Real Orden, el monarca sugiere al gobernador de Paraguay, don Fernando de Zárate, la importancia de poblar una pequeña isla situada frente a la costa del actual Uruguay. Esta isla, conocida hoy como Gorriti, era entonces un punto clave para la navegación, en peligro constante debido a naufragios y ataques de indígenas. Era necesario establecer un asentamiento allí para proteger los navíos que surcaban esas aguas, y de este modo, el nombre "Maldonado" empezó a dibujarse en los mapas, extendiéndose no solo a la isla, sino también a la tierra firme y las regiones circundantes. Sin embargo, como muchas decisiones en la vasta maquinaria colonial, la orden de Felipe II no fue cumplida de inmediato. Ni Zárate ni su sucesor, Juan Ramírez de Velazco, tomaron cartas en el asunto. Pasaron seis años hasta que, en 1600, el recién llegado gobernador de Buenos Aires, Diego Rodríguez Valdés de la Banda, decidió retomar la cuestión con la seriedad que merecía. En una carabela armada para la exploración, se realizó un detallado relevamiento de la zona. Los informes fueron enviados al nuevo monarca, Felipe III, quien había heredado la corona tras la muerte de su padre. Los informes no solo establecieron la importancia estratégica de Maldonado, sino que colocaron los primeros cimientos simbólicos de lo que con el tiempo se conocería como San Fernando de Maldonado, nombre que sus habitantes llevarían con orgullo como "fernandinos". La idea de un asentamiento en ese rincón del Río de la Plata había echado raíces, aunque pasarían muchos años antes de que se concretara por completo. Saltamos ahora en el tiempo, casi un siglo y medio después, a una nueva etapa en la historia de Maldonado. En 1750, tras la firma del Tratado de Madrid, se inició la demarcación de las fronteras entre las posesiones españolas y portuguesas en América. Fue entonces cuando José Joaquín de Viana, el gobernador militar de Montevideo, envió una sugerencia al rey de España para fundar dos pueblos estratégicos: uno en Maldonado y otro en Minas. Sin respuesta del soberano, Viana decidió tomar la iniciativa por sí mismo. En agosto de 1755, acompañado por unas pocas familias, Viana marchó hacia el paraje de Maldonado, cerca del actual Portezuelo, y con el puerto a la vista, comenzó a sentar las bases de un asentamiento. Aunque Viana pronto tuvo que abandonar el lugar, dejó a los habitantes las herramientas y los animales necesarios para su subsistencia. Casi dos años después, Viana regresó, trayendo consigo siete familias indígenas de las Misiones, un acto que amplió y consolidó la joven población. Durante este segundo retorno, el asentamiento fue trasladado a su ubicación actual, consolidando así lo que años más tarde se convertiría en la ciudad de Maldonado. Unos años después, entre 1777 y 1778, la joven población de Maldonado adquirió aún mayor relevancia cuando el virrey Pedro de Cevallos la eligió como su cuartel general durante la campaña militar contra los portugueses. La villa no solo crecía en importancia estratégica, sino también en número de habitantes. Para 1783, Maldonado ya era un centro pujante, con estancias y una comunidad establecida. Los vecinos, liderados por Don Luis Estremera, gestionaron la creación de un Cabildo, formalizando así la organización jurídica de la ciudad. Cuatro años más tarde, en marzo de 1787, se celebraron elecciones para el primer Cabildo, marcando el inicio de la vida institucional de la ciudad bajo el nombre oficial de San Fernando de Maldonado. Este viaje en el tiempo nos deja con una pregunta que el historiador Pérez Montero planteó muchos años después: ¿cuándo puede considerarse fundada realmente Maldonado? ¿Fue en 1755, cuando Viana asentó a las primeras familias? ¿Fue en 1757, con la llegada de más colonos de las Misiones? ¿O tal vez en 1787, cuando se estableció formalmente el Cabildo? Lo que sí es seguro es que, a lo largo de los años, Maldonado fue creciendo y consolidándose, tejiendo una rica historia que, hasta el día de hoy, define su identidad. El nombre de José Joaquín de Viana sigue asociado a este proceso fundacional. Nacido en Lagrán, España, en 1718, y abuelo del futuro presidente uruguayo Manuel Oribe, Viana dejó su huella en la historia de Maldonado y de la región, demostrando cómo la voluntad y la determinación pueden convertir un sueño en una realidad duradera. Así, el 19 de octubre de 1594, aunque solo fue el inicio de una sugerencia real, marcó el punto de partida de un destino que acabaría por dar vida a una de las ciudades más importantes de la costa uruguaya.
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