DR. ORESTE MARIÑO: “EL HOSPITAL DE TACUAREMBÓ TIENE UN NIVEL ALTÍSIMO PARA DAR SOLUCIÓN A LOS PROBLEMAS DE SALUD”
Crónicas del Este 05/10/2026 Política
El oftalmólogo cubano Oreste Mariño, radicado desde hace años en Uruguay, realizó recientemente en el Hospital de Tacuarembó un trasplante de córnea a una paciente que, además de ser enfermera, había perdido prácticamente la totalidad de su capacidad visual como consecuencia de un queratocono avanzado.El procedimiento fue exitoso y permitió mejorar significativamente la calidad visual de la paciente. En diálogo con Crónicas del Este, Mariño explicó cómo fue la intervención, habló sobre esta enfermedad, el desarrollo de la oftalmología en Uruguay y destacó especialmente el funcionamiento del Hospital de Tacuarembó y el acceso a tratamientos de alta complejidad fuera de Montevideo.
—Estamos con el doctor Oreste Mariño, oftalmólogo. Hace poco realizó una intervención en el Hospital de Tacuarembó: un trasplante de córnea a una enfermera que había perdido prácticamente la totalidad de la visión. ¿Cómo fue la situación?
—Buenas tardes. Un saludo para todos.En esta ocasión tratamos a una paciente que también era enfermera y que tiene una patología llamada queratocono, que afecta a la córnea. En esta enfermedad, la córnea va alterando su curvatura y adelgazándose, lo que hace que se deforme y pueda generar cicatrices que provocan que el paciente vaya disminuyendo progresivamente su visión, con un alto grado de limitación en su vida funcional.Esta paciente ya no podía trabajar. Además, había sido madre recientemente y llevaba un tiempo en lista de espera.Dadas las condiciones que tiene hoy el Hospital de Tacuarembó, que es una institución excelente, y gracias al equipo de trabajo, al personal de enfermería, anestesistas y demás profesionales, se crearon las condiciones para poder trasladarnos hasta la institución y llevar el tejido desde el Banco de Órganos y Tejidos, que también es una institución que trabaja de forma fenomenal.Pudimos realizar el procedimiento con éxito y mejorarle la calidad visual a esta paciente.
—¿Por qué dice que el Hospital de Tacuarembó es una institución que llama la atención, especialmente porque es una institución pública que funciona muy bien?
—Creo que, primero, la dirección del Hospital de Tacuarembó —y con esto no quiero desmerecer a las direcciones de otros hospitales— tiene un alto grado de sentido de pertenencia con la institución y un compromiso con la población que atiende.Es una institución que apuesta constantemente por su desarrollo, por tratar de llevar nuevas tecnologías y mejorar la accesibilidad a servicios que a veces resultan muy complejos y que solamente se realizan en la capital, para que las personas puedan tenerlos accesibles allí.Es una institución que ha logrado un desarrollo realmente de gran nivel para realizar cirugías de alta complejidad, con todos sus equipos de trabajo y las diferentes especialidades que allí se desarrollan.En este caso, la oftalmología ha tenido un avance muy notorio en los últimos tres años. Se ha incrementado el volumen de cirugías.No solamente realizamos trasplantes. También hacemos muchas cirugías de cataratas, se atiende a niños prematuros para descartar retinopatías asociadas a la prematuridad, se realizan cirugías de estrabismo en niños, cirugías y atención de patologías de retina.Se han incorporado tecnologías de punta y realmente, como te decía, la institución se preocupa continuamente por lograr una mejoría en el servicio que brinda a los pacientes.
—¿Es común tener este tipo de afecciones en Uruguay?
—Sí, la verdad que sí.En este caso, el queratocono es actualmente la principal causa de trasplante de córnea en Uruguay.Es una patología bastante frecuente y, sobre todo, lo peor que tiene es que se manifiesta en personas a edades tempranas.A partir de la niñez tardía y la adolescencia comienza a desarrollarse y empiezan las limitaciones.Es una patología que limita desde el punto de vista funcional a jóvenes que están en plena actividad laboral o formativa, y que realmente tiene un impacto bastante negativo en el desarrollo de las personas y también desde el punto de vista social.Por eso se ha puesto mucho empeño en lograr mecanismos para tratar esta patología.Yo, por suerte, trabajo en dos instituciones públicas: en el Hospital de Tacuarembó y en el Hospital de Ojos, que es donde se trata con mayor frecuencia esta patología.Ahora, en el Hospital de Tacuarembó estamos logrando desarrollar la capacidad para poder tratarla también en esa institución.
—¿Esta enfermedad tiene un origen hereditario? ¿Se produce espontáneamente o hay algo que la desencadene?
—Es una enfermedad multifactorial. Tiene un origen genético, por supuesto, pero también existen factores ambientales que pueden generar la aparición o el desarrollo de la enfermedad.Sobre todo en pacientes que pueden ser muy alérgicos, pacientes que comienzan a tener astigmatismo y que ya poseen una predisposición genética para desarrollar la enfermedad.Además, son frecuentes los casos de personas que se frotan los ojos de manera crónica. Se frotan los ojos con mucha frecuencia y esto desencadena una serie de reacciones dentro del ojo, incluso de tipo inmunológico, que provoca que la córnea vaya dañándose de forma lenta y progresiva.
—Usted es cubano, ¿verdad?
—Sí, soy cubano. Vivo hace muchos años acá, pero soy cubano.
—¿Cuándo llegó a Uruguay?
—Vine a Uruguay en el año 2013. Estuve en la brigada médica desde 2013 hasta 2016. Después regresé a Cuba y estuve allí aproximadamente dos años.Luego tomé la decisión de regresar a Uruguay con mi familia, tratar de establecerme acá y, desde entonces, volví en el año 2018. Desde 2018 hasta la actualidad estoy acá en Uruguay.
—¿Qué se encontró la primera vez que llegó a Uruguay, en 2013, desde Cuba?
—Mirá, Uruguay es un país que...Yo siempre digo que lo que más me gusta de Uruguay, aparte de su clima, que me encanta, y de su geografía, son las personas.A mí me gusta el carácter del uruguayo. Ese carácter directo, que no se queda en nada, que es capaz de criticar hasta lo bueno, pero siempre buscando la mejoría.Eso me gustó mucho.Además, es un país que me gustó desde el punto de vista personal, por el modo de vida y las costumbres. Realmente me sentí muy cómodo y por eso fue una opción que evalué para poder establecerme acá.
—¿Y en 2018 vino con su familia para radicarse definitivamente?
—Cuando estaba en la brigada médica, venía solo porque estaba trabajando dentro de la colaboración que tiene Cuba con Uruguay.Después terminé mi contrato de trabajo, regresé a Cuba y estuve un tiempo allí. Luego decidí volver a Uruguay con mi familia, mis dos hijos y mi esposa.
—¿Y actualmente dónde vive? ¿En Tacuarembó o en Montevideo?
—No. Actualmente vivo en Canelones porque la vida me llevó allí.Cuando comencé a trabajar en Tacuarembó ya estaba establecido en Canelones. Mis hijos estaban estudiando y mi esposo tenía su trabajo.Entonces trabajo en el Hospital de Ojos, trabajo en una mutualista que se llama Crami, que es de Las Piedras, y también trabajo en el Hospital de Tacuarembó.
—¿Cómo ha encontrado el desarrollo de la medicina, particularmente en su especialidad, en Uruguay?
—Creo que Uruguay tiene un muy buen nivel en oftalmología.Muchas veces se juzga o se piensa que, por el poco índice poblacional que tiene Uruguay, no se desarrollan grandes tecnologías. Pero la verdad es que Uruguay hoy cuenta con la mayoría de las tecnologías oftalmológicas que se practican en el mundo.Con el tiempo y el desarrollo de la oftalmología, que ha sido una especialidad que en los últimos 10 o 15 años ha tenido un desarrollo fantástico, todos nos hemos tenido que esforzar por perfeccionar nuestros conocimientos, evolucionar en nuestra formación y mejorar nuestras técnicas.En eso Uruguay ha sido ejemplar.Los profesionales uruguayos de la oftalmología tienen hoy un nivel muy bueno.La participación en congresos, el intercambio con otras instituciones, la formación no solamente dentro del país sino también la posibilidad de realizar posgrados fuera de Uruguay, los llamados fellowships en distintas subespecialidades de la oftalmología, han llevado a que hoy Uruguay tenga un nivel muy bueno en esta especialidad.
—Usted está trabajando en el Hospital de Tacuarembó, más al norte del país y un poco más alejado de la capital. ¿Hay diferencias en el alcance que tiene la población del norte respecto de la medicina que se brinda en el sur del país?
—Yo tengo el privilegio de haber trabajado en el interior, en el Hospital de Tacuarembó, y creo que esa diferencia no se nota demasiado.Si hablamos específicamente del Hospital de Tacuarembó —y vuelvo a repetir que no puedo hablar por el resto de las instituciones—, cuando estás en una institución que tiene hoy toda la infraestructura para dar tratamiento, seguimiento y respuesta a sus pacientes, con la mayoría de las especialidades y un alto nivel de desarrollo tecnológico, la diferencia prácticamente no se nota.Además, existe una gran calidad humana en su personal de enfermería, técnicos, personal de limpieza, médicos, anestesistas y especialistas.Todos tienen un alto sentido de pertenencia con la institución.Yo no noto la diferencia. Creo que el Hospital de Tacuarembó tiene condiciones que, por supuesto, se pueden seguir mejorando, pero que están a un nivel altísimo en cuanto a la disponibilidad que tiene para dar solución a los problemas de salud de todos los habitantes.Creo que es espectacular el hospital.
—Podríamos decir entonces que el Hospital de Tacuarembó es un ejemplo. Muchas veces en Uruguay se dice que los hospitales públicos no funcionan bien, pero tenemos un hospital público como el de Tacuarembó que funciona muy bien. ¿Hay que hacer las cosas de otra manera?
—Yo creo que capaz que sí.Te digo esto porque trabajo en dos hospitales públicos.En este caso, y aunque estamos hablando de Tacuarembó, también tengo que mencionar al Hospital de Ojos, que es una institución que trabaja muy bien.Es una institución que hoy tiene recursos, personal académico, forma residentes y donde también los trabajadores tienen un alto sentido de pertenencia.Tanto el Hospital de Ojos como el Hospital de Tacuarembó son hospitales públicos que tienen un alto nivel de desarrollo y de capacidad para dar solución a los problemas de salud para los cuales fueron creados.
El oftalmólogo cubano Oreste Mariño, radicado desde hace años en Uruguay, realizó recientemente en el Hospital de Tacuarembó un trasplante de córnea a una paciente que, además de ser enfermera, había perdido prácticamente la totalidad de su capacidad visual como consecuencia de un queratocono avanzado.El procedimiento fue exitoso y permitió mejorar significativamente la calidad visual de la paciente. En diálogo con Crónicas del Este, Mariño explicó cómo fue la intervención, habló sobre esta enfermedad, el desarrollo de la oftalmología en Uruguay y destacó especialmente el funcionamiento del Hospital de Tacuarembó y el acceso a tratamientos de alta complejidad fuera de Montevideo.
—Estamos con el doctor Oreste Mariño, oftalmólogo. Hace poco realizó una intervención en el Hospital de Tacuarembó: un trasplante de córnea a una enfermera que había perdido prácticamente la totalidad de la visión. ¿Cómo fue la situación?
—Buenas tardes. Un saludo para todos.En esta ocasión tratamos a una paciente que también era enfermera y que tiene una patología llamada queratocono, que afecta a la córnea. En esta enfermedad, la córnea va alterando su curvatura y adelgazándose, lo que hace que se deforme y pueda generar cicatrices que provocan que el paciente vaya disminuyendo progresivamente su visión, con un alto grado de limitación en su vida funcional.Esta paciente ya no podía trabajar. Además, había sido madre recientemente y llevaba un tiempo en lista de espera.Dadas las condiciones que tiene hoy el Hospital de Tacuarembó, que es una institución excelente, y gracias al equipo de trabajo, al personal de enfermería, anestesistas y demás profesionales, se crearon las condiciones para poder trasladarnos hasta la institución y llevar el tejido desde el Banco de Órganos y Tejidos, que también es una institución que trabaja de forma fenomenal.Pudimos realizar el procedimiento con éxito y mejorarle la calidad visual a esta paciente.
—¿Por qué dice que el Hospital de Tacuarembó es una institución que llama la atención, especialmente porque es una institución pública que funciona muy bien?
—Creo que, primero, la dirección del Hospital de Tacuarembó —y con esto no quiero desmerecer a las direcciones de otros hospitales— tiene un alto grado de sentido de pertenencia con la institución y un compromiso con la población que atiende.Es una institución que apuesta constantemente por su desarrollo, por tratar de llevar nuevas tecnologías y mejorar la accesibilidad a servicios que a veces resultan muy complejos y que solamente se realizan en la capital, para que las personas puedan tenerlos accesibles allí.Es una institución que ha logrado un desarrollo realmente de gran nivel para realizar cirugías de alta complejidad, con todos sus equipos de trabajo y las diferentes especialidades que allí se desarrollan.En este caso, la oftalmología ha tenido un avance muy notorio en los últimos tres años. Se ha incrementado el volumen de cirugías.No solamente realizamos trasplantes. También hacemos muchas cirugías de cataratas, se atiende a niños prematuros para descartar retinopatías asociadas a la prematuridad, se realizan cirugías de estrabismo en niños, cirugías y atención de patologías de retina.Se han incorporado tecnologías de punta y realmente, como te decía, la institución se preocupa continuamente por lograr una mejoría en el servicio que brinda a los pacientes.
—¿Es común tener este tipo de afecciones en Uruguay?
—Sí, la verdad que sí.En este caso, el queratocono es actualmente la principal causa de trasplante de córnea en Uruguay.Es una patología bastante frecuente y, sobre todo, lo peor que tiene es que se manifiesta en personas a edades tempranas.A partir de la niñez tardía y la adolescencia comienza a desarrollarse y empiezan las limitaciones.Es una patología que limita desde el punto de vista funcional a jóvenes que están en plena actividad laboral o formativa, y que realmente tiene un impacto bastante negativo en el desarrollo de las personas y también desde el punto de vista social.Por eso se ha puesto mucho empeño en lograr mecanismos para tratar esta patología.Yo, por suerte, trabajo en dos instituciones públicas: en el Hospital de Tacuarembó y en el Hospital de Ojos, que es donde se trata con mayor frecuencia esta patología.Ahora, en el Hospital de Tacuarembó estamos logrando desarrollar la capacidad para poder tratarla también en esa institución.
—¿Esta enfermedad tiene un origen hereditario? ¿Se produce espontáneamente o hay algo que la desencadene?
—Es una enfermedad multifactorial. Tiene un origen genético, por supuesto, pero también existen factores ambientales que pueden generar la aparición o el desarrollo de la enfermedad.Sobre todo en pacientes que pueden ser muy alérgicos, pacientes que comienzan a tener astigmatismo y que ya poseen una predisposición genética para desarrollar la enfermedad.Además, son frecuentes los casos de personas que se frotan los ojos de manera crónica. Se frotan los ojos con mucha frecuencia y esto desencadena una serie de reacciones dentro del ojo, incluso de tipo inmunológico, que provoca que la córnea vaya dañándose de forma lenta y progresiva.
—Usted es cubano, ¿verdad?
—Sí, soy cubano. Vivo hace muchos años acá, pero soy cubano.
—¿Cuándo llegó a Uruguay?
—Vine a Uruguay en el año 2013. Estuve en la brigada médica desde 2013 hasta 2016. Después regresé a Cuba y estuve allí aproximadamente dos años.Luego tomé la decisión de regresar a Uruguay con mi familia, tratar de establecerme acá y, desde entonces, volví en el año 2018. Desde 2018 hasta la actualidad estoy acá en Uruguay.
—¿Qué se encontró la primera vez que llegó a Uruguay, en 2013, desde Cuba?
—Mirá, Uruguay es un país que...Yo siempre digo que lo que más me gusta de Uruguay, aparte de su clima, que me encanta, y de su geografía, son las personas.A mí me gusta el carácter del uruguayo. Ese carácter directo, que no se queda en nada, que es capaz de criticar hasta lo bueno, pero siempre buscando la mejoría.Eso me gustó mucho.Además, es un país que me gustó desde el punto de vista personal, por el modo de vida y las costumbres. Realmente me sentí muy cómodo y por eso fue una opción que evalué para poder establecerme acá.
—¿Y en 2018 vino con su familia para radicarse definitivamente?
—Cuando estaba en la brigada médica, venía solo porque estaba trabajando dentro de la colaboración que tiene Cuba con Uruguay.Después terminé mi contrato de trabajo, regresé a Cuba y estuve un tiempo allí. Luego decidí volver a Uruguay con mi familia, mis dos hijos y mi esposa.
—¿Y actualmente dónde vive? ¿En Tacuarembó o en Montevideo?
—No. Actualmente vivo en Canelones porque la vida me llevó allí.Cuando comencé a trabajar en Tacuarembó ya estaba establecido en Canelones. Mis hijos estaban estudiando y mi esposo tenía su trabajo.Entonces trabajo en el Hospital de Ojos, trabajo en una mutualista que se llama Crami, que es de Las Piedras, y también trabajo en el Hospital de Tacuarembó.
—¿Cómo ha encontrado el desarrollo de la medicina, particularmente en su especialidad, en Uruguay?
—Creo que Uruguay tiene un muy buen nivel en oftalmología.Muchas veces se juzga o se piensa que, por el poco índice poblacional que tiene Uruguay, no se desarrollan grandes tecnologías. Pero la verdad es que Uruguay hoy cuenta con la mayoría de las tecnologías oftalmológicas que se practican en el mundo.Con el tiempo y el desarrollo de la oftalmología, que ha sido una especialidad que en los últimos 10 o 15 años ha tenido un desarrollo fantástico, todos nos hemos tenido que esforzar por perfeccionar nuestros conocimientos, evolucionar en nuestra formación y mejorar nuestras técnicas.En eso Uruguay ha sido ejemplar.Los profesionales uruguayos de la oftalmología tienen hoy un nivel muy bueno.La participación en congresos, el intercambio con otras instituciones, la formación no solamente dentro del país sino también la posibilidad de realizar posgrados fuera de Uruguay, los llamados fellowships en distintas subespecialidades de la oftalmología, han llevado a que hoy Uruguay tenga un nivel muy bueno en esta especialidad.
—Usted está trabajando en el Hospital de Tacuarembó, más al norte del país y un poco más alejado de la capital. ¿Hay diferencias en el alcance que tiene la población del norte respecto de la medicina que se brinda en el sur del país?
—Yo tengo el privilegio de haber trabajado en el interior, en el Hospital de Tacuarembó, y creo que esa diferencia no se nota demasiado.Si hablamos específicamente del Hospital de Tacuarembó —y vuelvo a repetir que no puedo hablar por el resto de las instituciones—, cuando estás en una institución que tiene hoy toda la infraestructura para dar tratamiento, seguimiento y respuesta a sus pacientes, con la mayoría de las especialidades y un alto nivel de desarrollo tecnológico, la diferencia prácticamente no se nota.Además, existe una gran calidad humana en su personal de enfermería, técnicos, personal de limpieza, médicos, anestesistas y especialistas.Todos tienen un alto sentido de pertenencia con la institución.Yo no noto la diferencia. Creo que el Hospital de Tacuarembó tiene condiciones que, por supuesto, se pueden seguir mejorando, pero que están a un nivel altísimo en cuanto a la disponibilidad que tiene para dar solución a los problemas de salud de todos los habitantes.Creo que es espectacular el hospital.
—Podríamos decir entonces que el Hospital de Tacuarembó es un ejemplo. Muchas veces en Uruguay se dice que los hospitales públicos no funcionan bien, pero tenemos un hospital público como el de Tacuarembó que funciona muy bien. ¿Hay que hacer las cosas de otra manera?
—Yo creo que capaz que sí.Te digo esto porque trabajo en dos hospitales públicos.En este caso, y aunque estamos hablando de Tacuarembó, también tengo que mencionar al Hospital de Ojos, que es una institución que trabaja muy bien.Es una institución que hoy tiene recursos, personal académico, forma residentes y donde también los trabajadores tienen un alto sentido de pertenencia.Tanto el Hospital de Ojos como el Hospital de Tacuarembó son hospitales públicos que tienen un alto nivel de desarrollo y de capacidad para dar solución a los problemas de salud para los cuales fueron creados.
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