¿ESTAMOS ANTE EL OCASO DE “LA NOCHE DE LA NOSTALGIA”?
Crónicas del Este 30/08/2026 Política
Durante décadas, la Noche de la Nostalgia fue una fecha sagrada para la diversión en Uruguay. El 24 de agosto se transformó en una verdadera industria que movilizaba miles de personas, llenaba boliches, hoteles, salones y restaurantes, y generaba trabajo para músicos, DJs, empresas de sonido, seguridad y gastronomía. Pero este año dejó una señal que no pasó desapercibida, especialmente en Maldonado: hubo muy pocas fiestas especiales autorizadas.En un departamento donde Punta del Este, La Barra, Piriápolis y San Carlos suelen ofrecer una agenda repleta de eventos, la Intendencia recibió apenas dos solicitudes de permisos especiales para grandes fiestas y una de ellas fue rechazada. Es un contraste enorme con años anteriores: en 2023 hubo diez solicitudes y en 2024 se autorizaron siete eventos de este tipo.¿La gente dejó de salir? No. Lo que cambió fue la forma de celebrar.La mayoría de la actividad se concentró en hoteles, pubs, restaurantes y salones que ya cuentan con habilitación permanente para realizar bailes o cenas show. Es decir, la fiesta no desapareció, pero las grandes producciones organizadas exclusivamente para esa noche parecen estar perdiendo terreno.La tendencia también se observa en Montevideo. La Intendencia capitalina recibió 142 solicitudes para espectáculos públicos y autorizó 110 fiestas, además de habilitar otros 30 locales gastronómicos para realizar eventos. Sin embargo, la cifra representa una baja respecto a 2025, cuando se autorizaron 134 fiestas, y también está por debajo de las 142 habilitadas en 2024. La cantidad de permisos viene descendiendo lentamente.La explicación oficial habla de controles más exigentes y de un público que prefiere locales ya habilitados. Pero hay otro factor imposible de ignorar: el precio.Salir en la Noche de la Nostalgia se ha convertido en un lujo para muchas familias. En Maldonado hubo propuestas que superaron ampliamente los 3.500 pesos por persona, mientras que en hoteles de alta gama los paquetes con cena y alojamiento llegaron a costar más de 200 dólares. A eso hay que sumarle bebidas, transporte y otros gastos.Del otro lado también están los organizadores. Esa noche comienza un feriado nacional y buena parte del personal debe cobrar salario doble. Los DJs, artistas, empresas de iluminación, pantallas y seguridad incrementan sus tarifas, y montar un evento implica asumir costos muy superiores a los de cualquier otro fin de semana. Si las entradas no se venden, las pérdidas pueden ser importantes.El resultado parece evidente: muchos empresarios prefieren no arriesgarse.Mientras tanto, crecen las reuniones en casas particulares, barbacoas, salones pequeños y fiestas entre amigos. También ganan terreno los pubs y restaurantes que ofrecen música en vivo sin necesidad de organizar una mega fiesta.La pregunta es inevitable: ¿estamos matando a la gallina de los huevos de oro?La Noche de la Nostalgia nació como una celebración popular, accesible y pensada para que todos pudieran disfrutar de la música de otras épocas. Con el paso de los años se transformó en un gran negocio. Y cuando un negocio comienza a expulsar a sus propios clientes por los precios, algo deja de funcionar.Maldonado es un buen ejemplo de esa transformación. A pesar de ser uno de los principales destinos turísticos del país, este año casi no hubo nuevas fiestas autorizadas. La actividad existió, pero quedó concentrada en locales tradicionales y propuestas ya instaladas.Quizás no estemos viendo el final de la Noche de la Nostalgia. Pero sí parece claro que atraviesa un cambio profundo. Si organizar una fiesta es cada vez más caro y salir a divertirse también, el riesgo es que una de las noches más emblemáticas del Uruguay termine perdiendo el brillo que la convirtió en una tradición nacional.Porque una fiesta que nació para reunir a todos no debería convertirse en una celebración reservada para quienes pueden pagarla.
Durante décadas, la Noche de la Nostalgia fue una fecha sagrada para la diversión en Uruguay. El 24 de agosto se transformó en una verdadera industria que movilizaba miles de personas, llenaba boliches, hoteles, salones y restaurantes, y generaba trabajo para músicos, DJs, empresas de sonido, seguridad y gastronomía. Pero este año dejó una señal que no pasó desapercibida, especialmente en Maldonado: hubo muy pocas fiestas especiales autorizadas.En un departamento donde Punta del Este, La Barra, Piriápolis y San Carlos suelen ofrecer una agenda repleta de eventos, la Intendencia recibió apenas dos solicitudes de permisos especiales para grandes fiestas y una de ellas fue rechazada. Es un contraste enorme con años anteriores: en 2023 hubo diez solicitudes y en 2024 se autorizaron siete eventos de este tipo.¿La gente dejó de salir? No. Lo que cambió fue la forma de celebrar.La mayoría de la actividad se concentró en hoteles, pubs, restaurantes y salones que ya cuentan con habilitación permanente para realizar bailes o cenas show. Es decir, la fiesta no desapareció, pero las grandes producciones organizadas exclusivamente para esa noche parecen estar perdiendo terreno.La tendencia también se observa en Montevideo. La Intendencia capitalina recibió 142 solicitudes para espectáculos públicos y autorizó 110 fiestas, además de habilitar otros 30 locales gastronómicos para realizar eventos. Sin embargo, la cifra representa una baja respecto a 2025, cuando se autorizaron 134 fiestas, y también está por debajo de las 142 habilitadas en 2024. La cantidad de permisos viene descendiendo lentamente.La explicación oficial habla de controles más exigentes y de un público que prefiere locales ya habilitados. Pero hay otro factor imposible de ignorar: el precio.Salir en la Noche de la Nostalgia se ha convertido en un lujo para muchas familias. En Maldonado hubo propuestas que superaron ampliamente los 3.500 pesos por persona, mientras que en hoteles de alta gama los paquetes con cena y alojamiento llegaron a costar más de 200 dólares. A eso hay que sumarle bebidas, transporte y otros gastos.Del otro lado también están los organizadores. Esa noche comienza un feriado nacional y buena parte del personal debe cobrar salario doble. Los DJs, artistas, empresas de iluminación, pantallas y seguridad incrementan sus tarifas, y montar un evento implica asumir costos muy superiores a los de cualquier otro fin de semana. Si las entradas no se venden, las pérdidas pueden ser importantes.El resultado parece evidente: muchos empresarios prefieren no arriesgarse.Mientras tanto, crecen las reuniones en casas particulares, barbacoas, salones pequeños y fiestas entre amigos. También ganan terreno los pubs y restaurantes que ofrecen música en vivo sin necesidad de organizar una mega fiesta.La pregunta es inevitable: ¿estamos matando a la gallina de los huevos de oro?La Noche de la Nostalgia nació como una celebración popular, accesible y pensada para que todos pudieran disfrutar de la música de otras épocas. Con el paso de los años se transformó en un gran negocio. Y cuando un negocio comienza a expulsar a sus propios clientes por los precios, algo deja de funcionar.Maldonado es un buen ejemplo de esa transformación. A pesar de ser uno de los principales destinos turísticos del país, este año casi no hubo nuevas fiestas autorizadas. La actividad existió, pero quedó concentrada en locales tradicionales y propuestas ya instaladas.Quizás no estemos viendo el final de la Noche de la Nostalgia. Pero sí parece claro que atraviesa un cambio profundo. Si organizar una fiesta es cada vez más caro y salir a divertirse también, el riesgo es que una de las noches más emblemáticas del Uruguay termine perdiendo el brillo que la convirtió en una tradición nacional.Porque una fiesta que nació para reunir a todos no debería convertirse en una celebración reservada para quienes pueden pagarla.
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