MIENTRAS TE DISTRAEN CON MESSI, LE METEN LA MOTOSIERRA A LA CABEZA DE LOS ARGENTINOS
Crónicas del Este 26/06/2026 Política
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Por estos días, mientras el Mundial 2026 sigue rodando en el norte y un Lionel Messi que parece desafiar el calendario continúa salvando a la Selección a fuerza de talento y milagros, millones de argentinos sobreviven mirando una televisión cada vez más cara, tratando de olvidar por un rato la realidad que les golpea la puerta todos los días.Porque detrás de cada gol, detrás de cada festejo, detrás de cada programa de chimentos o de las interminables cadenas de propaganda libertaria, hay un país que se está rompiendo.Y no se está rompiendo solo, lo están rompiendo.Lo están destruyendo a conciencia Javier Milei, su hermana Karina y la corte de personajes que desembarcó en la Casa Rosada prometiendo libertad y terminó entregando ajuste, represión y sufrimiento.Del escándalo de Manuel Adorni mejor ni hablar. Lo que en cualquier país serio sería motivo de renuncias inmediatas, investigaciones y vergüenza pública, en la Argentina libertaria es defendido por el propio presidente con una impunidad obscena. Ya ni intentan disimular. Se cubren entre ellos porque forman parte del mismo mecanismo. Un grupo de oportunistas que llegó al Estado diciendo que venía a destruir privilegios y terminó construyendo los propios.Mientras tanto, la motosierra sigue avanzando y ahora le llegó el turno a la salud mental.Sí, a la salud mental de una sociedad devastada por la crisis económica, por la incertidumbre permanente, por los salarios pulverizados, por los despidos y por la desesperanza.Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Buenos Aires ya había advertido hace tiempo sobre un panorama alarmante: crecían los cuadros depresivos, aumentaban los indicadores de angustia y riesgo suicida, y una enorme proporción de argentinos sufría trastornos de sueño. Los datos mostraban además que la situación empeoraba entre los jóvenes y los sectores de menores ingresos. Es decir, exactamente los sectores más golpeados por las políticas del actual gobierno.Pero lejos de reforzar la atención, ampliar recursos o fortalecer la asistencia comunitaria, la administración Milei parece empeñada en caminar en sentido contrario.Diversas organizaciones especializadas en salud mental denunciaron que la reforma impulsada por el Poder Ejecutivo representa un retroceso enorme respecto de los avances logrados durante los últimos años.Los especialistas advierten que la iniciativa abandona el modelo basado en la integración comunitaria y vuelve a privilegiar esquemas de atención centrados en instituciones psiquiátricas tradicionales, justamente aquellas que durante décadas fueron cuestionadas por organismos de derechos humanos y por la evidencia científica internacional.No es casualidad. La lógica libertaria siempre fue la misma: donde hay derechos ven gastos; donde hay personas ven números; donde hay sufrimiento ven estadísticas.Por eso cierran programas. Por eso recortan tratamientos.Por eso vacían organismos. Por eso atacan cualquier política pública que no genere ganancias para algún amigo empresario.Lo grave es que estamos hablando de personas que atraviesan depresiones severas, crisis de ansiedad, adicciones, intentos de suicidio o padecimientos psicológicos complejos.No estamos hablando de balances contables.Estamos hablando de vidas humanas.Sin embargo, desde la Casa Rosada parecen convencidos de que todo puede resolverse con una planilla de Excel y algunos posteos agresivos en redes sociales.Karina Milei, elevada a estratega política por obra y gracia del parentesco presidencial, sigue acumulando poder mientras el país acumula problemas. La hermana del Presidente parece gobernar desde las sombras una estructura donde la lealtad vale más que la capacidad y donde la improvisación reemplazó a la gestión.El resultado está a la vista: Más pobreza. Más desigualdad.Más angustia. Más desesperación y ahora también menos herramientas para atender las consecuencias psicológicas de semejante desastre.Mientras tanto, los grandes medios afines intentan instalar que todo marcha de maravillas porque bajó algún indicador económico o porque los mercados financieros aplauden desde Manhattan.Pero la realidad se vive en los barrios: En el jubilado que ya no puede comprar remedios, en el pibe que abandona la facultad porque no llega a pagar el transporte.En la madre que salta comidas para alimentar a sus hijos.En el trabajador que tiene empleo pero sigue siendo pobre y también en quienes cada noche se acuestan sin poder dormir, consumidos por la ansiedad y la incertidumbre.La tragedia es que, cuando una sociedad necesita más contención, más escucha y más acompañamiento, el gobierno decide recortar precisamente allí.Por eso no alcanza con indignarse. Hay que decirlo con todas las letras.La ofensiva contra la salud mental no es un hecho aislado. Forma parte de un proyecto político que considera al Estado un enemigo y a los ciudadanos simples variables de ajuste.Mientras Messi sigue regalando goles y permitiendo que la gente sonría por noventa minutos, la Argentina real sigue acumulando heridas y algunas de esas heridas no se ven en las estadísticas económicas ni en los discursos presidenciales.Se ven en los consultorios vacíos, en los tratamientos interrumpidos, en las familias desesperadas y en una sociedad que cada día parece cargar un peso más grande sobre sus espaldas.Porque cuando un gobierno decide ahorrar a costa del sufrimiento humano, ya no estamos frente a una política económica.Estamos frente a una inmensa tragedia social.

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