VIEJAS CRÓNICAS DEL ESTE
“FRANCISCO ACUÑA DE FIGUEROA”: PRIMER POETA DE LA PATRIA
Crónicas del Este 09/06/2021 Sociedad
Braulio De Nava
En estas viejas Crónicas del Este, vamos a seguir transitando, por “las calles” de la historia del departamento de Maldonado y de todas las zonas aledañas, sumergiéndonos en el pasado y en esta oportunidad como en la edición anterior, vamos a seguir revelando el origen de algunas calles emblemáticas de distintas ciudades del departamento.
En esta oportunidad vamos a difundir un nombre típico de la ciudad de Maldonado, Francisco Acuña de Figueroa, una calle que se inicia contra la rambla Claudio Williman y termina en la calle 3 de Febrero de la esquina del Campus de Maldonado.
Muchísimas veces los habitantes de Maldonado y quienes visitan dicha zona, transitan por la calle Francisco Acuña de Figueroa, ya que es una de las principales arterias de la ciudad, pero cabe preguntarnos: ¿Quién era Francisco Acuña de Figueroa? ¿Qué hizo para destacarse y merecer el nombre de una calle? Pues aquí vamos:
Francisco Acuña fue un personaje, hijo de padres extranjeros. Nació en 1791. Su papá era español y en épocas en que estas tierras eran dominadas por los españoles (en años de la Banda Oriental), Jacinto Acuña de Figueroa, el papá de Francisco, era Tesorero de la Real Hacienda. Por otra parte, su madre, Jacinta Vianqui, nació en la ciudad de Buenos Aires.
Francisco Acuña de Figueroa se educó en la capital del virreinato del río de la plata, o sea en Buenos Aires, en el convento de
San Bernardino y el Real Colegio de San Carlos de la ciudad de Buenos Aires.
Pero los tiempos y van cambiando y la revolución de los criollos por estas tierras si hacía cada vez más potente, sin embargo
Francisco Acuña de Figueroa, en ningún momento estuvo de acuerdo con los revolucionarios y siempre estuvo a favor de los españoles. Es más, cuando en el año 1814, la Banda Oriental derrota a los españoles, se exilió en la Corte Portuguesa de Río de Janeiro.
Cuando José Gervasio Artigas, finalmente cae del poder y emigra hacia el Paraguay, Francisco Acuña de Figueroa, retorna a Montevideo, allá por el año 1818, en pleno dominio de los portugueses, ocupando el cargo de Tesorero del Estado y era miembro de la Comisión de Censura de las Obras Teatrales, hasta el año 1846. También fue director de la Biblioteca y el Museo Público.
Francisco Acuña, se fue transformando en un literato de fuste, creando diversos poemas y relatos, que integran 12 tomos.
Este hombre, se constituyó, nada menos ni nada más, que en el autor de las letras Himno Nacional Uruguayo y del Himno Nacional Paraguayo.
Fue considerado el primer poeta de la patria. Se dice que su escritura tenía muchas veces un componente satírico, que manejaba a la perfección.
Una de sus obras póstumas, tiene un especial título: “Nomenclatura y Apología del Carajo” y aquí como forma de homenaje, vamos a publicar algunos de los versos de esa obra:
La lengua castellana es tan copiosa,
En voces y sinónimos, tan rica, Que con nombres diversos, cualquier cosa
O con varias metáforas explica Monarca,
Soberano y Rey... ¡qué encanto!
Todo es un mismo nombre repetido;
Y tres veces, también con un sentido,
Son Pontífice, Papa y Padre Santo.
Pero hay de grande aprecio entre los hombres,
Un cierto pajarraco, o alimaña,
Que tiene más sinónimos y nombres
Que títulos tenía el Rey de España.
Yo, por tal de evitaros el trabajo
De una investigación algo penosa,
Diré que esa alimaña, o quisicosa
No es el Papa, ni el Rey sino... el Carajo!
Braulio De Nava
En estas viejas Crónicas del Este, vamos a seguir transitando, por “las calles” de la historia del departamento de Maldonado y de todas las zonas aledañas, sumergiéndonos en el pasado y en esta oportunidad como en la edición anterior, vamos a seguir revelando el origen de algunas calles emblemáticas de distintas ciudades del departamento.
En esta oportunidad vamos a difundir un nombre típico de la ciudad de Maldonado, Francisco Acuña de Figueroa, una calle que se inicia contra la rambla Claudio Williman y termina en la calle 3 de Febrero de la esquina del Campus de Maldonado.
Muchísimas veces los habitantes de Maldonado y quienes visitan dicha zona, transitan por la calle Francisco Acuña de Figueroa, ya que es una de las principales arterias de la ciudad, pero cabe preguntarnos: ¿Quién era Francisco Acuña de Figueroa? ¿Qué hizo para destacarse y merecer el nombre de una calle? Pues aquí vamos:
Francisco Acuña fue un personaje, hijo de padres extranjeros. Nació en 1791. Su papá era español y en épocas en que estas tierras eran dominadas por los españoles (en años de la Banda Oriental), Jacinto Acuña de Figueroa, el papá de Francisco, era Tesorero de la Real Hacienda. Por otra parte, su madre, Jacinta Vianqui, nació en la ciudad de Buenos Aires.
Francisco Acuña de Figueroa se educó en la capital del virreinato del río de la plata, o sea en Buenos Aires, en el convento de
San Bernardino y el Real Colegio de San Carlos de la ciudad de Buenos Aires.
Pero los tiempos y van cambiando y la revolución de los criollos por estas tierras si hacía cada vez más potente, sin embargo
Francisco Acuña de Figueroa, en ningún momento estuvo de acuerdo con los revolucionarios y siempre estuvo a favor de los españoles. Es más, cuando en el año 1814, la Banda Oriental derrota a los españoles, se exilió en la Corte Portuguesa de Río de Janeiro.
Cuando José Gervasio Artigas, finalmente cae del poder y emigra hacia el Paraguay, Francisco Acuña de Figueroa, retorna a Montevideo, allá por el año 1818, en pleno dominio de los portugueses, ocupando el cargo de Tesorero del Estado y era miembro de la Comisión de Censura de las Obras Teatrales, hasta el año 1846. También fue director de la Biblioteca y el Museo Público.
Francisco Acuña, se fue transformando en un literato de fuste, creando diversos poemas y relatos, que integran 12 tomos.
Este hombre, se constituyó, nada menos ni nada más, que en el autor de las letras Himno Nacional Uruguayo y del Himno Nacional Paraguayo.
Fue considerado el primer poeta de la patria. Se dice que su escritura tenía muchas veces un componente satírico, que manejaba a la perfección.
Una de sus obras póstumas, tiene un especial título: “Nomenclatura y Apología del Carajo” y aquí como forma de homenaje, vamos a publicar algunos de los versos de esa obra:
La lengua castellana es tan copiosa,
En voces y sinónimos, tan rica, Que con nombres diversos, cualquier cosa
O con varias metáforas explica Monarca,
Soberano y Rey... ¡qué encanto!
Todo es un mismo nombre repetido;
Y tres veces, también con un sentido,
Son Pontífice, Papa y Padre Santo.
Pero hay de grande aprecio entre los hombres,
Un cierto pajarraco, o alimaña,
Que tiene más sinónimos y nombres
Que títulos tenía el Rey de España.
Yo, por tal de evitaros el trabajo
De una investigación algo penosa,
Diré que esa alimaña, o quisicosa
No es el Papa, ni el Rey sino... el Carajo!
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