

Vamos a repasara casos policiales que han sacudido el departamento en los últimos tiempos. Donde le hemos cambiado los nombres a los protagonistas para proteger sus identidades, pero cuyos hechos son reales basados en actuaciones judiciales. Hay un refrán que dice: se ven caras y no se ven corazones. Nada mejor para ejemplificar este siniestro caso, ocurrido en Maldonado, con ribetes de insólito, ya que le ocurrió a una joven mujer que trabajaba en una casa cambiara del aeropuerto de Punta del Este, pero vayamos a los detalles…
Eran los primeros días de diciembre de 2013 y varios compañeros de trabajo la invitaron a una fiesta, que se suponía sería algo normal, nunca se imaginaría lo que le esperaba…
El jueves 5 de diciembre Paula recibe una invitación por parte de Antonio Rodríguez a quien conoce por Nicolás, que era empleado de una casa de automóviles rentados del mismo aeropuerto de Punta del Este, para concurrir a un asado en la noche de fecha viernes 6 de diciembre.
Así, sobre las 00:00 horas de la madrugada del sábado 7 de diciembre, es pasada - llamada telefónica mediante - a buscar por parte del mencionado Antonio Rodríguez, conjuntamente con otro empleado de la arrendadora a quién conoce bajo el apodo de “Ratón” y que corresponde a Fabricio Benítez.
Paula es llevada por estos hombres a una casa situada cerca del Punta Shopping, donde en total había cinco hombres, incluyendo a los dos que la habían pasado a buscar. Se le sirve un primer whisky. Algo así como una hora más tarde, se le sirve un segundo whisky y tras unos tragos, Paula pide pasar al baño.
Al salir del baño advierte que uno de los hombres (al que identifica como “Mario”, y que resulta ser el indagado Gerardo Sosa) la había seguido y le entregaba nuevamente el vaso que había dejado. La llevan al living - ya teniendo sus recuerdos borrosos y estando mareada - y en determinado momento “Mario” expresa querer mostrarle los cuartos. La lleva a un dormitorio y allí le quita el vaso porque se le estaba volcando su contenido.
Su siguiente recuerdo es el despertar en su cama a las 10:00 horas, sintiendo su cuerpo adormecido, advirtiendo hematomas en los brazos y la entrepierna. Paula no sabía que le había pasado, pero su abuela le manifiesta que llegó con el pantalón desprendido, y con la bombacha en un bolsillo de la campera.
Ante esto Paula concurre al médico y al efectuársele examen de orina, arroja como positivo a las drogas opiáceas. Por ello decide realizar la correspondiente denuncia.
Es de destacar, que efectivamente luce agregado en el expediente, el resultado de los análisis de laboratorio efectuados a la denunciante en Sanatorio, muestra extraída en fecha 07/12/2013, la que entre las drogas de abuso indican “positivo” a los “opiáceos en orina”.
Efectuada la denuncia policial, se indaga a los partícipes de la reunión, resultando ser, además de los tres encausados, otros empleados de la misma arrendadora de vehículos: Alberto Hilos y Gerardo Sosa.
Los acusados admiten que mantuvieron relaciones sexuales con la denunciante, aunque refieren que fueron consentidas. Por su parte, Alberto Hilos y Gerardo Sosa se fueron de la reunión antes que esto ocurriera y ello es corroborado.
La Justicia logra probar la veracidad de la denuncia de Paula, en cuanto que los tres encausados - o bien uno con conocimiento y beneplácito de los demás, administraron una droga opiácea (morfina y similares) a los efectos de anular su voluntad, disminuir su resistencia y así mantener relaciones sexuales con ella.
Según refieren los partícipes, la joven fue invitada a la reunión con la expectativa de mantener relaciones sexuales con ella. Así lo declaró Alberto Hilos, y lo confirma Gerardo Sosa: “se comentaba que si salía una fiestita, que si entrábamos de a dos o de tres, eso fue antes de que Nico fuera a buscarla”. La propia víctima refiere que le dijeron eso, si bien lo tomó como broma, que era la única mujer y que podía “terminar en una orgía”.
Para continuar, es consistente el relato de Paula en cuanto que era perseguida insistentemente con un vaso de whisky. Así, refiere que al recibir el segundo vaso e ir al baño (ya sintiéndose mareada), lo deja en el living y al salir se lo habían llevado nuevamente. Este segundo vaso no lo vio cuando se lo servían. Tras unos tragos más a ese vaso, es que su recuerdo desaparece. Inclusive ese vaso era diferente de los que usaban los demás, ella lo refiere en la denuncia y lo admite Fabricio Benítez.
Lo que dijo el médico forense es consistente en cuanto a los efectos de la droga encontrada en su sangre, con lo referido por la denunciante. Así, los opiáceos hacen efecto alrededor de unos veinte minutos tras su administración. La denunciante depone que entre que se le sirvió el segundo vaso y pidió para ir al baño no habrá pasado una media hora; aportando que fue a los pocos tragos de ese vaso que comenzó a sentirse extraña.
Según el forense, los efectos fisiológicos de la droga son: “de acción en el sistema nervioso central, como tal, inhibidor de todas las funciones del sistema, analgesia es el primer efecto, alucinaciones pueden haber, para luego pérdida de memoria, ya según la dosis llegar al paro cardíaco. Además falta de reflejos, pérdida de fuerza. La sensación primaria es como borrachera, alucinación, mareos, hasta llegar a la pérdida de conocimiento, etapa muy cercana al paro cardio respiratorio.
Si la paciente no recordaba nada de nada, la dosis debe haber sido importante”.
También el hecho que diera positivo en el examen de orina, cuya muestra fue recabada casi veinte horas después del eventual momento de administración, indica que la dosis era alta.
Los síntomas señalados por la víctima en su declaración son análogos a los que indicó el médico en la Justicia. Además de ello, el estado alucinatorio indicado es consistente con lo que declara la abuela de la denunciante (que llegó riendo sin motivo a la casa, que no hablaba bien, pero notó que no era alcoholizada)
Los propios encausados en sus declaraciones aportan datos significativos respecto de este estado alucinatorio. Así, Carlos Roso expone que al llegar estaba normal pero al rato “ella hablaba de una manera que no era normal, como con otro acento, otro idioma, como raro, una mezcla de cosas que no se le entendía lo que hablaba”.
Otra prueba física que aporta en cuanto a la veracidad de lo denunciado, es que del informe médico forense resulta que Fabricio Benítez presentaba “Impronta digital de antebrazo y hombro izquierdo, otro en antebrazo derecho, posiblemente por agarre” “dos equimosis en cada muslo”. Es decir que fue agarrado por lo menos de cada antebrazo.
Desde ese lugar donde la víctima ya no recuerda más nada -es decir la puerta del baño- y según la declaración de Antonio Rodríguez, él la invita a tener relaciones sexuales a lo que ella accede, no sólo con él, sino con todos juntos, y según él Paula les habría dicho: “que vayan pasando de a uno”.
Todos los enjuiciados exponen que mantuvieron algún tipo de encuentro sexual con la víctima. Con la particularidad que salvo Antonio Rodríguez, los demás aclaran que ellos en realidad no llegaron a penetrarla, pero que los otros dos si (y que lo vieron, o lo escucharon). Esta actitud de tratar de deslindar su propio accionar, no condice particularmente con el hecho que las relaciones sexuales hubieran sido consentidas.
Tampoco condice el hecho que en realidad todos omiten declarar que ingresaron también a mantener sexo con la víctima por parejas, ello hasta que se les preguntó directamente confrontándolos con las declaraciones de Gerardo Sosa, en el sentido que así se jactaban al día siguiente en el trabajo.
Los acusados unánimemente manifiestan que la víctima estaba muy excitada sexualmente, de tal manera que después de tener sexo con todos ellos, aún no quería irse sino que pugnaba por tener más relaciones sexuales. El hecho es que sabemos por el informe del médico forense, que justamente el efecto de los opiáceos es “bajar las revoluciones. Nadie se va a excitar sexualmente con morfina”. Y agregaremos, menos aún si la dosis fue elevada como indica el médico y con sus efectos potenciados por el alcohol. Esta clara falsedad en la que incurren todos los acusados, indica que todos ellos tenían conocimiento de la maniobra y de su finalidad.
Extrañamente, el propio Antonio Rodríguez declaró al ponérsele en conocimiento de los resultados de los análisis que la morfina “no es nada, como para levantar”.
Tampoco condice con tal estado de gran excitación sexual -y resistencia física- que relatan los tres acusados, con el estado en que llegó a su casa según relató su abuela, en cuanto que debió ayudarla a caminar y llegar a su cuarto, tomándola desde detrás por los hombros.
Los acusados ingresan en contradicciones en esos puntos: así Fabricio Benítez indicó que Paula se vistió sola; lentamente sola, porque no se quería vestir para irse. Carlos Rosso indica que “Nico y Fabricio la ayudaron a vestirse en el pasillo”. Lo reitera, agregando que después hubo que ayudarla a llegar al auto, admitiendo que le pareció extraño “para el poco whisky que tomó y como estaba después en el pasillo”. Antonio Rodríguez también declara que Paula fue ayudada para vestirse por él y Fabricio pero porque “no quería vestirse. Yo le puse la blusa. Ella se puso el resto de la ropa y los zapatos”; y que ella caminaba normalmente, no hubo que ayudarla a subir al auto. Es de señalar asimismo, que Paula dejó uno de sus zapatos en el automóvil de “Ratón”, lo que demuestra que no se encontraba precisamente lúcida.
Por otra parte, la Justicia dice que no se advierte el motivo que tendría Paula para efectuar la presente denuncia, en el caso de que efectivamente hubiera mantenido relaciones sexuales consentidas con todos los enjuiciados. Ninguno de ellos tenía problemas con Paula, con algunos ni siquiera se había hablado en el poco tiempo en que llevaba trabajando en el aeropuerto. Los propios acusados no tienen una explicación, ni mínimamente coherente para explicar el porqué urdir tal maniobra. Y respecto de los resultados de los análisis médicos sobre la presencia de opiáceos en sangre, tienden a inculpar a la propia víctima: que ella se los autoadministró. Lo que por otra parte, lleva a preguntarse con qué motivo y deja sin contestar el porqué de la denuncia.
A los efectos de dilucidar este aspecto, se dispuso un allanamiento en la casa de la víctima para buscar drogas con contenido de opiáceos. Hallándose una caja de morfina perteneciente a su abuela, sin abrir; y que según refiere la mencionada, pese a que es la única que le fue recetada nunca la consumió. El documento agregado al expediente apoya sus dichos.
En consecuencia a juicio de la Sede existen elementos de convicción suficientes para juzgar –en un examen inicial y sin perjuicio de ulterioridades del proceso- que Carlos Rosso., Antonio Rodríguez y Fabricio Benítez han incurrido en la presunta comisión de un delito de incapacidad compulsiva en concurrencia fuera de la reiteración con un delito de violación.
Como señalamos al principio, muchas veces vemos caras, gente que nos parece conocida, pero sus verdaderas intenciones no afloran a flor de piel…
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